Un riñón de cerdo experimental sobrevivió más de un mes en un paciente que ya había fallecido

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Si alguna vez te has preguntado quién tiene más aguante, si tú o un riñón de cerdo modificado genéticamente, la ciencia acaba de darnos una respuesta bastante clara. Y no, no somos nosotros.

Estamos hablando de un caso pionero y, francamente, un poco macabro, de xenotrasplante (la transferencia de órganos entre especies). Hace algún tiempo, un paciente recibió un riñón porcino en una operación experimental de alto riesgo. Los médicos estaban probando los límites de esta tecnología que busca solucionar la desesperante escasez de donantes humanos.

Lamentablemente, y como suele ocurrir en los experimentos más arriesgados, el paciente falleció poco después de la intervención. Sin embargo, aquí es donde la historia toma un giro digno de guion de ciencia ficción. Aunque el receptor había muerto y estaba siendo mantenido en soporte vital (es decir, máquinas manteniendo las funciones corporales esenciales, pero sin perspectiva de recuperación), el riñón del cerdo no se dio por vencido.

Durante aproximadamente 30 días, este valiente riñón porcino continuó con su trabajo como si nada. Pensemos en la ironía: el hombre estaba en soporte vital, sus riñones originales habían sido retirados, y era un órgano de granja el que seguía filtrando la sangre, produciendo orina y, en esencia, realizando todas las funciones renales de manual, ajeno al drama humano que le rodeaba. Era un ejemplo de eficiencia biológica extrema.

Los científicos, por supuesto, quedaron alucinados. Aunque el paciente no sobrevivió, el hecho de que el órgano de cerdo pudiese funcionar con total normalidad durante un mes entero en un cuerpo sostenido artificialmente, demostró que la barrera inmunológica entre especies puede ser superada con éxito durante periodos prolongados. El riñón de cerdo, sin quererlo, ha sentado un precedente histórico, demostrando que tiene más ganas de vivir que el cuerpo al que fue trasplantado.