El urinario que no salpica gana el Ig Nobel de Física

Si el chorro incide a menos de 30 grados, el rebote casi desaparece. Lo probaron con una uretra de plástico y agua teñida, y ya tienen premio…

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Si el chorro incide a menos de 30 grados, el rebote casi desaparece. Lo probaron con una uretra de plástico y agua teñida, y ya tienen premio…

Sales de un baño público, te miras los zapatos y suspiras. Durante décadas hemos dado por hecho que aquello era cuestión de puntería. Pues no: era geometría.

Un equipo de la Universidad de Waterloo (Canadá) y la Weber State University (EE. UU.) demostró que, cuando el chorro golpea la pared del urinario con un ángulo de 30 grados o menos, la salpicadura se reduce drásticamente. Con esa regla diseñaron dos urinarios, Cornucopia y Nautilus, que en el mejor de los casos ensayados —altura media de usuario y caudal alto— rebajaron el rebote al 1,4 % del de un urinario comercial corriente. El 3 de septiembre de 2026 el trabajo se llevó el Ig Nobel de Física, el premio a la ciencia que primero hace reír y luego pensar.

Comparativa en 3D de cuatro urinarios: La Fontaine de Duchamp, un modelo comercial actual y los diseños Cornucopia y Nautilus del estudio
Los cuatro urinarios comparados. Imagen: Thurairajah et al., PNAS Nexus (2025), CC BY 4.0.

¿Por qué salpican los urinarios de toda la vida?

Porque su pared, casi vertical y plana, recibe el líquido prácticamente de frente. Cuanto más perpendicular es el impacto, más gotas rebotan; por debajo de ese ángulo crítico, casi ninguna. El método tampoco tiene desperdicio: fabricaron una boquilla que reproduce la geometría interna de una uretra humana y lanzaron con ella chorros controlados de agua teñida contra cada modelo.

Zhao Pan, que dirigió el proyecto, lo resume en el comunicado de su universidad:

Lo divertido es que estamos resolviendo un problema del mundo real que afecta al 50 % de los humanos.

Mapas de salpicadura del estudio: cientos de gotas en el suelo alrededor de los urinarios convencionales frente a superficies casi limpias en los diseños nuevos
Cada punto negro es una gota en el suelo. Arriba, La Fontaine y un urinario comercial; abajo, Cornucopia y Nautilus. Imagen: Thurairajah et al., PNAS Nexus (2025), CC BY 4.0.

¿Qué pinta un urinario de Duchamp en un laboratorio?

En la comparativa colaron La Fontaine —así la llaman los autores—, el urinario que Marcel Duchamp convirtió en 1917 en la obra conocida como Fuente. Con caudal alto fue el que más salpicó de todo el estudio, con gotas hasta un metro a cada lado frente al medio metro del modelo comercial; con caudal bajo, en cambio, sus paredes envolventes retenían buena parte. En una nota al pie bromean con que el ensayo reconstruye una parada en el baño del París de hace un siglo.

¿Cuánta orina acaba en el suelo cada día?

Los autores echan la cuenta: con unos 56 millones de urinarios en edificios no residenciales solo en Estados Unidos, más de 350.000 litros —del orden del millón, calculan— terminan a diario en el suelo. Y detrás viene el agua de fregarlo.

El Cornucopia corta mejor la salpicadura, pero depende de la altura del usuario. Por eso el candidato a acabar en un bar es el Nautilus: su borde bajo sirve para estaturas muy distintas, incluidas las de niños y personas en silla de ruedas. El premio fue para Randy Hurd, Zhao Pan, Tadd Truscott y Kaveeshan Thurairajah.

No fue el único galardón terrenal de la noche. La ceremonia se celebró en Zúrich, la primera presencial fuera de Estados Unidos en los 35 años del premio, y allí triunfó también el equipo con base en Suiza que enterró un millar de pares de calzoncillos para medir la salud del suelo. El Ig Nobel lleva tiempo en esto: ya premió a quienes descubrieron que repetir una palabra treinta veces la vuelve extraña. Y por aquí ya sabíamos que la física del cuarto de baño da más juego del que parece.

Así que la próxima vez que mires al suelo de un bar con cara de circunstancias, ya sabes: la culpa no era tuya. Era del ángulo.

Vía PNAS Nexus, Improbable Research, Universidad de Waterloo, NPR y Popular Science.