
Imagina tatuarte sin el zumbido de la máquina, sin apretar los dientes y sin una sola gota de sangre. La empresa británica CipherX vende desde finales de julio de 2026 tatuajes permanentes que se aplican con un parche de microagujas que se disuelve bajo la piel. Cuestan 50 libras, el parche se lleva puesto un cuarto de hora y el dibujo cabe en un círculo de 15 milímetros.
¿Cómo se tatúa la piel sin aguja y sin dolor?
El parche es un disco transparente erizado de microagujas diminutas, fabricadas con un biopolímero biodegradable amasado con la propia tinta. Un aplicador de mano las clava de un solo gesto y ahí se quedan, disolviéndose bajo la superficie mientras sueltan el pigmento.
Como son mucho más cortas que una aguja convencional, apenas rascan las capas altas de la piel: ni sangre ni escozor. Al retirar el parche el dibujo se ve pálido y hasta decepcionante; en las 24 a 48 horas siguientes los puntos se oscurecen y se funden en una línea continua.

¿Cuánto cuesta y qué se puede tatuar?
Cincuenta libras por pieza, solo en negro y dentro de un lienzo circular de 15 milímetros: los motivos son todavía más pequeños, del tipo corazón, estrella o cruz. La cita completa dura entre 25 y 30 minutos, bastante menos de lo que uno tarda en arrepentirse.
Se aplica con reserva previa en la tienda que la compañía tiene en Londres y en pop-ups itinerantes por el Reino Unido. Detrás están Ferdinand Kohle, su fundador, y Karl-Anton Harms, director técnico, que levantaron CipherX a partir del Royal College of Art de Londres.
«El punto ideal son estos tatuajes icónicos pequeños. Un brazo entero no es, desde luego, lo que buscamos», resume Kohle.
Nada de mangas completas, entonces. Una lástima para los tatuadores hartos de repetir el mismo dragón por decimoquinta vez.

¿Es de verdad el primer tatuaje indoloro del mundo?
Aquí conviene bajar el volumen. El «primero del mundo» es un reclamo de la propia empresa, no una comprobación independiente: la idea de tatuar con parches de microagujas ya la publicó en 2022 la revista iScience, en un trabajo del equipo de Mark Prausnitz, del Georgia Tech, que logró en el laboratorio tatuajes sin dolor ni sangre con una tinta que aguantaba al menos un año.
Lo genuinamente nuevo no es la tecnología, sino que alguien la haya puesto a la venta al público. Y queda una duda sin despejar: cuánto resiste esto pasadas las décadas. La compañía lo vende como permanente y admite que puede difuminarse, pero no hay estudios independientes de durabilidad.
Así que la próxima moda corporal no llega con máquina, sino con tirita. Después de ver a gente pagar por deformarse las orejas o comprar una camiseta que no se lava, un corazón de 15 milímetros que no duele suena casi sensato.
Vía designboom y Man of Many.
