
Space Cadets fue un concurso de telerrealidad que la cadena británica Channel 4 emitió en diciembre de 2005 y que convenció a tres concursantes de que habían sido seleccionados para volar al espacio. En realidad nunca salieron de Inglaterra: toda la misión, desde el entrenamiento hasta el supuesto despegue, fue un montaje de la productora Zeppotron (del grupo Endemol UK).
Durante diez noches seguidas, del 7 al 16 de diciembre de 2005, el público vio cómo Paul French, Keri Hassett y Billy Jackson se preparaban para lo que creían una misión orbital real, sin sospechar que cada paso estaba diseñado para engañarles.
¿Cómo montaron el engaño de Space Cadets?
Todo empezó meses antes, cuando los aspirantes se apuntaron a un casting llamado «Thrill Seekers» sin saber que en realidad competían por una plaza en un falso programa espacial. Los finalistas acabaron en la antigua base aérea de RAF Bentwaters, en Suffolk, que un equipo enorme de producción convirtió en una supuesta instalación rusa: enchufes con el estándar eléctrico de Rusia, productos con etiquetas en cirílico y actores haciéndose pasar por cosmonautas e instructores durante toda la grabación.
El nivel de detalle fue absurdo: a los fumadores del equipo se les dieron cigarrillos rusos, por si algún cadete encontraba una colilla, y se contrató a gente para retirar del recinto cualquier basura con marca británica.
El «vuelo» hasta la base tampoco era real. Les quitaron los relojes para que no notaran el cambio horario que nunca hubo, y el avión dio un rodeo por el mar del Norte hasta estirar cuatro horas un trayecto que en línea recta se hace en quince minutos. De ahí, en helicóptero, a la falsa base rusa. Y la nave que debía llevarles a órbita era en verdad una réplica de madera construida originalmente para la película Deep Impact, con sonido envolvente, cojines neumáticos y una pantalla que proyectaba una Tierra generada por ordenador. No es la única vez que un plató de televisión escondía más ingeniería de la que parecía: el limo verde de Nickelodeon tiene una historia parecida.
¿Qué pasó cuando los concursantes descubrieron la verdad?
El presentador Johnny Vaughan les enseñó un montaje con sus propias dudas, grabadas durante la «misión», y lo remató con un plano del simulador visto desde fuera: ahí entendieron que jamás habían despegado. Pese al chasco, los tres se llevaron 25.000 libras cada uno y, además, un viaje de verdad a la Ciudad de las Estrellas y un vuelo parabólico donde por fin flotaron sin gravedad.
El montaje no salió barato: la producción costó alrededor de 4,5 millones de libras. El estreno reunió a 2,6 millones de espectadores —un 11% de cuota—, una cifra que fue cayendo según avanzaba la semana. Otro que se lo tomó con más calma fue el equipo de la CIA que, en plena Guerra Fría, desmontó a escondidas una sonda lunar soviética en una sola noche para fotografiarla entera.
Por si el enredo fuera poco, tres de los propios «cadetes» eran actores infiltrados, colocados para despistar a los que empezaban a sospechar. Uno de ellos, Charlie Skelton, contó después en The Guardian cómo se vivió el engaño desde dentro. Si Space Cadets te sabe a poco, en Belfast hay una abuela de 90 años que ya pisó la Luna sin salir de su salón, y sin necesidad de ningún actor ruso de por medio.
Vía Now I Know.
