En la isla japonesa de Himakajima, el único semáforo que hay completa su ciclo de rojo, ámbar y verde un solo día al año. Los otros 364 días se queda parpadeando. Y cuando por fin se pone en verde no es para ordenar el tráfico: es para que los niños del colegio practiquen cómo se cruza una calle.
Himakajima es una isla diminuta de la bahía de Mikawa, en la prefectura japonesa de Aichi, administrada por el municipio de Minamichita. Tiene menos de 2.000 habitantes, se rodea entera andando en hora y media y es famosa en Japón por su pulpo. Coches hay, pero pocos: lo de un atasco aquí suena a ciencia ficción.
¿Por qué hay un semáforo en una isla sin apenas tráfico?
Justo por eso. El semáforo se instaló en 1994 a petición de los vecinos, a través de la asociación local de seguridad vial, y nunca estuvo pensado para regular el tráfico: es material escolar. Los críos de Himakajima crecen sin ver un semáforo de verdad y, tarde o temprano, muchos acaban estudiando o trabajando en ciudades como Nagoya, donde cruzar a lo loco se paga caro.
Antes de tenerlo, en el colegio se apañaban con una maqueta pequeña, y el problema es evidente: una réplica a escala no se parece lo suficiente a lo que uno se encuentra en un cruce de verdad. Así que la isla se hizo con el aparato entero: el primer semáforo instalado en las tres islas de la bahía de Mikawa.
¿Qué hace el semáforo los otros 364 días?
Trabaja de señal de stop. Durante el resto del año parpadea en rojo para una de las vías del cruce y en ámbar para la otra, así que los vecinos pasan por debajo sin mirar los colores, guiados más por la costumbre que por el aparato. Señalización que casi no señaliza, algo que en la carretera pasa más de lo que parece: en Gales hay un cartel que lleva décadas anunciando un aeropuerto inexistente.
¿Cómo es la clase de cruzar la calle?
Una vez al año el semáforo entra en modo normal y el colegio de la isla baja hasta el puerto este con los alumnos de tercero y quinto de primaria. Algunos van a pie y otros con la bici, acompañados por adultos, y practican lo de mirar a un lado, al otro y otra vez al primero antes de pisar el asfalto. Desde 1994, eso son poco más de treinta encendidos.
¿Por qué en Japón el verde del semáforo se llama azul?
Hay un detalle que redondea la historia: en japonés, la luz de pasar se llama ao (青), que significa «azul». El idioma agrupó durante siglos verdes y azules bajo la misma palabra, la norma se quedó con «azul» y, para que la cosa cuadrase, los semáforos del país tiran hacia un verde azulado. Japón da para muchas de estas rarezas: desde el traje negro que los ninjas nunca llevaron hasta una cárcel reconvertida en hotel de lujo.
Así que, técnicamente, este semáforo no se pone verde un día al año: se pone azul.
Vía Jalopnik, SoraNews24, SlashGear, la web de turismo de Himakajima, la ficha de la isla (que cita al Asahi Shimbun del 20 de noviembre de 1994) y Atlas Obscura. Foto: At, Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0).

