Corre la milla en 4:17 empujando el carrito de su hija

Corredor cruzando un puente metálico a toda velocidad mientras empuja un carrito de bebé deportivo de tres ruedas
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Salir a correr empujando el carrito es el plan clásico del padre que quiere entrenar y dormir al bebé en el mismo viaje. Lo de Stephen Biebelhausen el pasado sábado 8 de agosto en Cleveland fue otra cosa: cruzó el puente Hope Memorial en 4 minutos y 17 segundos, la distancia de una milla, empujando a su hija Blake, de un año, en un carrito de tres ruedas. Unos nueve segundos menos que el récord del mundo homologado.

¿Por qué 4:17 empujando un carrito es una barbaridad?

La marca sale a unos 64 segundos por cada 400 metros: cuatro vueltas de pista seguidas sin aflojar. En unidades de aquí, unos 2 minutos y 40 segundos el kilómetro, algo más de 22 kilómetros por hora sostenidos a lo largo de los 1.609 metros de la milla. Sin carrito ya duele; con manillar, tres ruedas y una pasajera delante, es otro deporte.

Biebelhausen no es un padre cualquiera que se ató las zapatillas esa mañana: corrió en la Universidad de Miami, en Ohio, y tiene un maratón de Boston de 2 horas y 25 minutos, en 2024. La Guardian Mile, además, se disputa sobre el puente en un trazado punto a punto que, según el análisis de The Running Week, sube en su primera mitad y baja rápido hasta la meta.

¿Quién tenía el récord de la milla con carrito?

El récord masculino vigente es de Silas Frantz, que firmó 4:26.29 en junio de 2025 en la pista del instituto de Arroyo Grande, en California, empujando a su hijo Otto, que entonces tenía dos meses. Frantz lo consiguió dando vueltas a un óvalo de atletismo; Biebelhausen, en línea casi recta sobre un puente y con público a los lados.

¿Cuenta ya como récord del mundo oficial?

Todavía no. Guinness World Records tiene que revisar la documentación antes de homologar cualquier marca de este tipo, así que sobre el papel el récord sigue siendo el de Frantz. Lo mejor es que Biebelhausen ni siquiera había salido a por él: contó a la revista Runner’s World que de verdad no pensaba que fuera a por el récord del mundo y que, en un buen día, aspiraba a bajar el récord del recorrido, 4:44, y quedarse en 4:30 y algo.

A la televisión local le resumió cómo llevó su hija la aventura:

Fue muy sorprendente. Y probablemente igual de sorprendente fue que era como 45 minutos más tarde de su hora de dormir y ella seguía de buen humor.

El atletismo raro tiene aquí su propia estantería: hemos contado lo del japonés que corre a cuatro patas, lo del corredor que hizo un semimaratón con 111 camisetas puestas y hasta lo de un hámster que sube sus kilómetros a Strava.

Blake, mientras tanto, ni se despeinó: ella iba sentada. Si Guinness le da el visto bueno a su padre, habrá cruzado la meta más rápida del mundo sin dar un solo paso.

Vía News 5 Cleveland, Marathon Handbook, UPI, The Running Week y KSBY.