Un hámster corre casi 10 km cada noche y lo sube a Strava

Ilustración de un hámster corriendo dentro de una rueda de ejercicio a la que se han acoplado un sensor, cables de colores y una pantallita que muestra una gráfica de barras
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Imagina abrir Strava por la mañana, mirar el listado de tus amigos corredores y descubrir que el que más kilómetros ha hecho es un roedor. Mollie, un hámster de diez meses, recorre casi 10 kilómetros cada noche en su rueda, y esas carreras aparecen cada mañana publicadas en su propia cuenta de Strava, la red social donde los humanos presumen de entrenamientos. Detrás no hay magia: hay un imán, un sensor y un físico maratoniano al que una lesión ha dejado tiempo para pensar.

¿Cómo se convierte una rueda de hámster en un reloj deportivo?

El montaje es obra de Thijs de Buck, físico de resonancia magnética afincado en Utrecht (Países Bajos). La idea es de una simplicidad casi ofensiva: un imán pegado a la rueda que pasa por delante de un sensor de efecto Hall, de modo que cada vuelta completa deja registrado un pulso.

A partir de ahí, un microcontrolador ESP32 va apuntando esos pulsos durante toda la noche. Por la mañana, un script de Python en su portátil convierte el registro en un archivo .FIT —el formato estándar de los relojes deportivos— y lo sube mediante la API de Strava. Una pantallita OLED canta la velocidad en directo, los récords se guardan solos y hay más de cien títulos preparados (generados en su mayoría con IA) para bautizar cada carrera, con juegos de palabras del tipo «The Fast and the Furriest». Lo único que de Buck hace a mano es añadir la foto.

El único obstáculo fue burocrático: las subidas automáticas requieren cuenta de pago.

Solo había una solución razonable: mi hámster tiene ahora Strava Premium.

¿Cuántos kilómetros hace Mollie en una noche?

Un hámster de pelaje marrón oscuro sostenido con cuidado en la palma de la mano de una persona
Mollie, el hámster que sube sus carreras a Strava. Foto: Spinoza Centre for Neuroimaging

Los datos son un poco humillantes para el común de los mortales. Mollie promedia cerca de 10 kilómetros por noche y su mejor marca, en su primera semana con sensor, se quedó en 10,8 kilómetros, con la ventaja competitiva de no tener que madrugar para ir a trabajar.

Lo más llamativo, sin embargo, no es la distancia: es la disciplina. En una racha de siete días arrancó a correr dentro de la misma franja de diez minutos en cinco noches distintas, una puntualidad impropia de una mascota. Y cuando lo apuntaron al reto de agosto de Strava, 400 minutos de actividad en todo el mes, lo completó el segundo día.

¿Y qué opina el dueño de que le gane un hámster?

De Buck es corredor de maratón y arrastra una lesión leve, lo cual explica bastante bien el nivel de instrumentación aplicado a una jaula. Su plan, cuando se recupere, es intentar igualar la distancia semanal del bicho: «no suelo llegar a los 70 kilómetros por semana», reconoce.

No es la primera vez que un roedor demuestra que le sobra energía: hace años, un jubilado británico intentó iluminar su casa con la fuerza de mil hámsters. Tampoco es la primera vez que Strava protagoniza una historia rara: la app llegó a delatar la posición de un portaaviones francés porque un militar subió su rodaje. Lo de Mollie es mucho más inofensivo: correr sin ir a ninguna parte y que, por una vez, quede constancia.

Vía Spinoza Centre for Neuroimaging y CBC Radio.