En 1814, dos colonos de Ohio perforaron un pozo para sacar salmuera y les salió petróleo. Lo quitaban con mantas y acabó vendido como remedio para todo…
En 1814, dos colonos de Ohio, Silas Thorla y Robert McKee, perforaron un pozo en el actual condado de Noble, cerca de Caldwell, para sacar agua salada. Encontraron la sal… y también petróleo, que para ellos no era más que una porquería que les estropeaba el negocio. Hoy, en la zona presentan el pozo de Thorla-McKee como el primer pozo petrolífero de Norteamérica.
Imagina el chasco: cuarenta y cinco años antes de que arrancara la fiebre del oro negro, te topas con él y lo único que piensas es cómo quitártelo de encima.
¿Por qué buscaban sal y no petróleo?
A principios del siglo XIX, la sal valía mucho para los colonos: daba sabor y, sobre todo, servía para conservar la carne durante el invierno. El petróleo, en cambio, apenas tenía uso. Los pozos de Thorla y McKee se abrieron con el método del spring pole, una pértiga flexible de madera que subía y bajaba la herramienta de perforación.
¿Qué hicieron con el petróleo que no querían?
El crudo flotaba sobre la salmuera, así que lo retiraban como podían: empapando mantas en la superficie y escurriéndolas después. El agua salada que quedaba se hervía en calderos hasta sacar la sal.
Pero el aceite escurrido no acabó en la basura. Se embotelló como «Seneca Oil» y se vendió como remedio para todo, el típico elixir milagroso de la época. Del estorbo al frasco de botica en un solo paso. No es el único producto que salió de buscar otra cosa: al chicle moderno le pasó algo parecido.
¿Cómo era trabajar junto a un pozo que escupía gas?
El gas también daba guerra. Más o menos una vez por semana, la presión acumulada hacía que el pozo «soplara» y lanzara un chorro de agua salada de más de doce metros de altura, como un géiser de andar por casa.
Una noche, un trabajador de la salina llamado Robert Caldwell se alumbraba con una llama sin saber el riesgo que corría. El gas acumulado prendió y provocó una bola de fuego con un estruendo que se oyó a kilómetros. Según contó el propio McKee:
«Robert Caldwell no resultó herido, pero jamás se vio en Duck Creek a un hombre más asustado».
¿Dónde se puede ver hoy el pozo de Thorla-McKee?
El que se conserva es el segundo pozo, perforado en 1816. Está en el parque Thorla-McKee, cerca de Caldwell, revestido con el tronco hueco de un sicomoro, y todavía rezuma pequeñas cantidades de petróleo más de dos siglos después.

¿Y el título de pionero? Depende de la letra pequeña. El pozo de Edwin Drake, perforado en Pensilvania en 1859, es el que se reconoce como el primero de Estados Unidos abierto expresamente para buscar petróleo. Thorla y McKee se le adelantaron más de cuarenta años, pero ellos iban a por sal. Lo mismo hacían al otro lado del mundo los perforadores del pozo de Zigong, en China, que también acabaron aprovechando el gas natural.
Dos siglos después, el mundo se pelea por el petróleo, y hasta se inventan trucos como limpiar vertidos con pelo. Thorla y McKee se peleaban con él para que no les estropeara la sal.
Vía Explore Noble County, Early Marietta, The Marietta Times y Wikipedia.
Imagen de portada generada con IA.




