
Agárrate, que vienen curvas. En el mundo del deporte, la pasión es lo que mueve montañas… y, a veces, también los tribunales. Este es el caso de Todd France, un aficionado de los Lakers que decidió que el “sufrimiento” causado por la actuación de LeBron James en las Finales de la NBA de 2013 merecía una compensación millonaria. Sí, has leído bien: ¡un millón de dólares!
La cosa es así de surrealista. France, que se autodefine como fan incondicional de los Lakers (aquí ya empezamos con las paradojas), llevó a LeBron ante los juzgados de Miami-Dade. ¿El delito? Según él, la mismísima ‘falta de esfuerzo, entusiasmo y pasión’ que la estrella de la NBA mostró cuando sus Miami Heat perdieron contra los San Antonio Spurs en aquellas finales. Vamos, que para France, LeBron se marcó un ‘pachorra’ épico que le hizo sufrir lo indecible.
En su demanda, nuestro amigo Todd no se cortó un pelo en señalar jugadas específicas. Habló de un pase sin mirar a Mario Chalmers que acabó fuera de banda y de un tiro que LeBron ‘falló a propósito’ al final del tercer partido. Según él, LeBron ‘se rindió’ y le costó el título a los Heat. Y claro, esto no es poca cosa para un seguidor, aunque sea de un equipo distinto y encima apostara por el otro.
Aquí viene la guinda del pastel: aunque France es de los Lakers, su ‘dolor y sufrimiento’ por la derrota de los Heat se explica porque… ¡había apostado una pasta gansa por ellos! La demanda asegura que las acciones de LeBron fueron una ‘declaración fraudulenta al público’. Y lo más noble de todo, el millón de dólares que exige no es para su bolsillo, sino que pide que se done íntegramente a una organización benéfica infantil. ¡Un filántropo del lamento deportivo, vaya!
Por si la cosa no fuera lo suficientemente rocambolesca, resulta que nuestro querellante ya tenía experiencia en estas lides. Anteriormente, había demandado al comisionado de la NFL, Roger Goodell, por otro motivo igual de… particular. Así que, entre ‘poca pasión’ y ‘declaraciones fraudulentas’, parece que France tiene un historial digno de una comedia de enredo.
En fin, una historia que demuestra que la línea entre la pasión desmedida y el absurdo legal es, a veces, más fina que un pelo. La próxima vez que tu equipo pierda, piénsatelo dos veces antes de culpar al jugador por su ‘falta de garra’… o al menos, no le demandes. ¿O sí?
