Ay, las mieles de la burocracia y la tecnología cuando se dan la mano… ¡Qué historia la que nos llega desde el mismísimo Reino Unido! Imagina esta escena: el Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales (DEFRA) y su brazo ejecutor, la Agencia de Pagos Rurales (RPA), deciden que ya es hora de jubilar ese sistema informático viejuno, de los años 80, que gestiona las subvenciones a sus sufridos agricultores. Una decisión lógica, ¿verdad? Pues bien, aquí es donde la trama se complica y el contribuyente británico se echa las manos a la cabeza.
Después de una inversión que te dejaría patidifuso –¡nada menos que 300 millones de libras esterlinas!– y cuatro largos años de desarrollo, el flamante y súper moderno sistema informático prometido ha resultado ser… ¡un fiasco total! Sí, has oído bien. Un «catastrófico fracaso» y «no apto para su propósito», en palabras de los propios responsables, incluido Mark Grimshaw, el jefe de la RPA.
La idea era reemplazar un obsoleto mainframe de la década de 1980 por algo que pudiera procesar los pagos de la Política Agrícola Común (PAC) de la Unión Europea, que ascienden a la friolera de 1.700 millones de libras anuales. Pero, ¡oh, sorpresa! El nuevo sistema, gestionado por IBM, no solo no funciona, sino que es incapaz de procesar las reclamaciones, dejando a miles de agricultores en el limbo y con la incertidumbre de si verán sus pagos a tiempo.
La cosa se pone aún más surrealista cuando te enteras de que se hicieron advertencias tempranas. Consultores externos ya avisaron de que el sistema tenía más agujeros que un queso Gruyère y que probablemente no funcionaría. Pero, ya sabes, la fe en la tecnología puede ser ciega… o muy, muy cara.
El resultado es que el DEFRA ha tenido que cancelar el proyecto y, atención, ¡volver al viejo sistema de los 80! Es como comprarte un coche deportivo de última generación, que te cuesta un dineral, y al final tener que volver a tu viejo SEAT Panda porque el otro no arranca. Lo más grave es que el Reino Unido se arriesga a multas millonarias por parte de la UE si los pagos no se realizan correctamente, añadiendo sal a la herida de los 300 millones ya derrochados.
Políticos de todos los partidos han puesto el grito en el cielo. Angela Smith, ministra en la sombra de DEFRA, lo calificó de «gran chapuza informática», mientras que Anne McIntosh, diputada conservadora, se preguntaba cómo era posible que nadie se diera cuenta de este desastre antes.
En fin, una lección más sobre los peligros de la mala gestión de proyectos tecnológicos a gran escala. Y mientras tanto, los agricultores británicos, que bastante tienen con el tiempo y los cultivos, ahora también tienen que lidiar con la odisea digital de su propio gobierno. ¡Para reír… o para llorar con ganas!




