Un estudio acústico revela que los cachalotes del este y el oeste del Mediterráneo chasquean a ritmos muy distintos: tienen acento propio…
Imagina que cruzas el Mediterráneo de Baleares a Grecia y, por el camino, el idioma cambia de acento sin que nadie te avise. Pues a los cachalotes les pasa exactamente eso: los del oeste y los del este chasquean distinto. Tienen, literalmente, dialectos propios.
Lo ha medido un equipo de bioacústicos analizando 5.291 «codas», esos patrones de chasquidos con los que estos gigantes se comunican en la oscuridad del abismo. Y el resultado es de los que te hacen mirar el mar con otros ojos.
Mismo idioma, distinto ritmo
Las codas funcionan como pequeñas frases en morse. Los cachalotes del oeste, frente a las Islas Baleares, las sueltan despacio. Los del este, en la fosa Helénica griega, las disparan tan rápido que cuesta distinguir los cuatro chasquidos seguidos.
«El tipo de coda occidental es bastante lento, mientras que el oriental es tan rápido que resulta difícil detectar los cuatro chasquidos», explica la bioacústica Taylor Hersh.
La estructura del mensaje es idéntica; lo que cambia es la velocidad. Como un gallego y un andaluz diciendo justo lo mismo a ritmos opuestos.
Un acento que se aprende, no se hereda
Y aquí está lo bueno. El estudio, publicado en Proceedings of the Royal Society B, apunta a que esa diferencia no está en los genes, sino en la cultura: los cachalotes aprenden a hablar imitando a los de su grupo. Algunos días, de hecho, ejemplares del este soltaban también la versión lenta del oeste, señal de que se manejan con los dos «acentos».
Los registros, tomados entre 2003 y 2021 frente a Baleares y entre 2005 y 2019 en aguas griegas, encajan con una historia de colonización: los cachalotes entraron en el Mediterráneo hace unos 20.000 años y se fueron extendiendo de oeste a este, puliendo su deje particular por el camino.
No es la primera vez que el mar nos recuerda lo listas que son estas criaturas: ya vimos cómo el codiciado ámbar gris acaba en líos policiales, cómo los perezosos llevan su pereza escrita en el ADN o cómo basta bloquear un gen para devolverle plumas de dinosaurio a un pollo.
Así que la próxima vez que alguien diga que los animales «solo hacen ruidos», acuérdate de que un cachalote balear y uno griego no chasquean igual. ¿Cuántos acentos más se nos estarán escapando en el fondo del mar?
Vía ScienceAlert y el estudio en Proceedings of the Royal Society B.




