
Pasear al perro por la playa puede tener sorpresas, pero lo que les ocurrió a Katy y Emma Elliott en la bahía de Runswick, en North Yorkshire, supera cualquier expectativa. Su perra Meg, una sprocker spaniel con un olfato para los misterios, fue la verdadera heroína del día al desenterrar una botella de vidrio marrón con algo dentro.
Imagínate la escena: dos hermanas, una playa inglesa y una botella que parece sacada de una película de piratas. Con la curiosidad a flor de piel, consiguieron sacar el contenido. No era un mapa del tesoro, pero casi. Se trataba de un papel enrollado y atado con un delicado lazo rojo. Era un mensaje.
Al desdoblarlo con cuidado, se toparon con un auténtico viaje en el tiempo. La carta estaba fechada el 21 de agosto de 1988. ¡Hace 36 años! La autora era una niña de 10 años llamada Sarah, que contaba con todo detalle su vida en aquel verano de finales de los ochenta. En su mundo, existían un gato, un hámster, un perro y, cómo no, una hermana pequeña que, según sus propias palabras, era ‘bastante pesada’. Un clásico.
Sarah, con la inocencia de sus diez años, pedía al afortunado que encontrara su botella que le escribiera de vuelta, e incluso incluía su dirección en Shipley, West Yorkshire. Ni cortas ni perezosas, la pareja de hermanas decidió aceptar el reto y se embarcó en la misión de encontrar a Sarah.
Se presentaron en la dirección indicada, pero el destino les tenía preparada una pequeña decepción: la casa original había sido demolida y reconstruida. Los nuevos residentes, como era de esperar, no tenían ni idea de quiénes habían vivido allí tres décadas atrás.
Pero en pleno siglo XXI, un callejón sin salida en el mundo real es solo una oportunidad para el mundo virtual. Katy y Emma no se rindieron y han lanzado una campaña en redes sociales para localizar a la Sarah de la carta, que hoy debería rondar los 46 años. La historia se ha vuelto viral, y ahora medio internet está buscando a esa niña que un día de verano decidió lanzar sus palabras al mar, sin saber que tardarían 36 años en ser leídas.
