En el mundo de la ley y el orden, uno se imagina a los agentes caninos como parangones de disciplina y rectitud. Perros valientes, leales y, sobre todo, incorruptibles. Bueno, pues parece que a Peach, una spaniel de la policía de Sussex, le falló el último punto. Su debilidad no era el dinero ni el poder, sino algo mucho más terrenal: el almuerzo de sus compañeros.
Que no nos malinterpreten, Peach era una crack en su trabajo. Entrenada como perra de detección pasiva de drogas, tenía un olfato infalible para encontrar sustancias ilegales. Era la agente perfecta… si no fuera por su incontrolable cleptomanía alimenticia. Según la propia unidad canina de Sussex, la agente Peach tenía una «adicción a la comida» que la llevaba a cometer hurtos de forma compulsiva.
Su ‘modus operandi’ era sencillo pero efectivo: aprovechaba cualquier despiste para meter el hocico en las mochilas de los agentes, registrar los bolsillos de sus adiestradores y, en general, apropiarse de cualquier cosa comestible que encontrara a su paso. La situación se volvió insostenible. ¿Cómo vas a confiar en un agente que, en mitad de una redada, está más pendiente de si alguien ha dejado un sándwich a la vista?
Ante este panorama, y con todo el dolor de su corazón, el cuerpo de policía de Sussex tomó una decisión drástica. En un comunicado lleno de cariño y humor, anunciaron que lo mejor para Peach era ‘colgar la placa’. «Después de mucho pensarlo, hemos decidido que lo mejor para el interés de Peach es que la reubiquemos en un nuevo hogar», explicaron.
La historia, como no podía ser de otra manera, se hizo viral, y cientos de personas se ofrecieron a darle a Peach un hogar donde sus «hábitos de ladrona» fueran celebrados en lugar de sancionados. La policía confirmó que la pequeña delincuente ya ha sido felizmente adoptada. «Le deseamos todo lo mejor en su nuevo hogar, donde estoy seguro de que será muy querida y podrá robar toda la comida que quiera», concluía el comunicado. Un final feliz para la agente que cambió la ley por el almuerzo.




