El lapsus de Doug Ford que convirtió a políticos en ‘diddlers’

El lapsus de Doug Ford que convirtió a políticos en 'diddlers'
El primer ministro de Ontario, Doug Ford, protagonizó un lapsus cómico al llamar 'diddlers' a sus oponentes liberales, en lugar de 'peddlers', mientras los acusaba de vender activos públicos. El error provocó risas y tuvo que rectificar rápidamente. Un momento inesperado que se hizo viral.
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Agárrense que vienen curvas, ¡y de las divertidas! La política, a veces, nos regala momentos tan surrealistas que parecen sacados de una comedia de enredos. Y esta vez, el protagonista no es otro que Doug Ford, el mismísimo primer ministro de Ontario, que nos dejó a todos con la boca abierta y una sonrisa de oreja a oreja tras un desliz lingüístico de los que hacen historia.

Todo sucedió en un ‘scrum’ de esos con periodistas, donde Ford estaba, como buen político, criticando a la anterior administración liberal. Su intención era acusarles de vender el patrimonio público, de ser unos «peddlers» (vendedores ambulantes, traficantes) de los bienes de todos. Hasta aquí, todo normal, la típica refriega política. Pero, ay, amigo, la lengua es traicionera y el subconsciente, a veces, juega malas pasadas.

En lugar de soltar un «peddlers» bien claro, a Ford se le escapó un rotundo… ¡»diddlers»! Sí, sí, lo has leído bien. La frase completa fue algo así como: «En lo que respecta al anterior gobierno liberal, son un grupo de ‘diddlers’. Estaban vendiendo hasta el último activo que uno pueda imaginarse». La sala enmudeció por un segundo, y luego, claro, estallaron las risas. Imagina el bochorno. Para quien no esté familiarizado, «diddler» es un término muy coloquial y peyorativo para referirse a alguien que abusa de menores, entre otras acepciones bastante menos inocentes que un simple «vendedor».

Los periodistas, con ese olfato que les caracteriza, no tardaron en pedir aclaraciones. «¿Ha dicho ‘diddlers’?», preguntó uno, con una mezcla de sorpresa y diversión en la voz. Y ahí, nuestro estimado Ford, dándose cuenta del monumental patinazo, se apresuró a corregir: «Quise decir ‘peddlers’, ‘peddlers'». La corrección llegó rápido, pero el daño, o más bien la hilaridad, ya estaba hecha. El momento se convirtió en la comidilla del día y un ejemplo perfecto de cómo un simple error de pronunciación puede transformar un ataque político serio en una anécdota desternillante.

Así que ya sabéis, la próxima vez que escuchéis a un político, prestad mucha atención a cada sílaba. Nunca sabréis cuándo se les escapará un «diddler» en lugar de un «peddler», y os harán el día con una buena carcajada. ¡Doug Ford nos ha enseñado que hasta en la política más seria, siempre hay espacio para un buen chiste involuntario!