Delhi se planta cara (y máscara de gas) a la contaminación del aire

Delhi se planta cara (y máscara de gas) a la contaminación del aire
Residentes de Delhi se han echado a las calles en una protesta insólita contra la asfixiante contaminación, armados con máscaras de gas y trajes de protección. Con pancartas y un claro mensaje, exigen al gobierno una política de aire limpio urgente para evitar que la ciudad sea "ahogada" por la niebla tóxica. Una manifestación literal del problema.
0
0

Imagina la escena: te pones tu mejor traje, coges tu pancarta con las demandas más justas del mundo, y te plantas en medio de la calle. ¿El detalle? Todo esto lo haces con una máscara de gas y, si eres de los más estilosos, hasta con un mono de protección blanco tipo científico loco. No, no es el guion de la última película distópica ni una broma del Día de los Inocentes; es la cruda y asfixiante realidad de Delhi, donde los ciudadanos han dicho «¡basta ya!» a la contaminación atmosférica con una protesta que te dejará sin aliento (literalmente).

Organizados bajo el elocuente lema «Mi derecho a respirar», un grupo de valientes habitantes de la capital india decidió que ya era hora de que el gobierno tomase cartas en el asunto, o mejor dicho, que les diese aire para respirar. En Jantar Mantar, un lugar que normalmente vibra con el murmullo de protestas más convencionales, la imagen era una estampa que, de no ser por lo trágico, sería digna de una galería de arte moderno. «La contaminación ha puesto a Delhi de rodillas», se leía en una de las pancartas, mientras que otra clamaba: «No nos ahoguéis hasta la muerte». Y no era una exageración; con el ambiente teñido de un gris perpetuo, lo de «ahogar» es más una descripción que una metáfora.

Los manifestantes, algunos ataviados con los mencionados monos blancos que les daban un aire de equipo de investigación en zona de desastre (atmosférico, claro), exigieron medidas urgentes. ¿La lista de la compra para una Delhi más respirable? Una política nacional de aire limpio, normas más estrictas para las emisiones de vehículos (que parece que se fuman puros gigantes), mejoras en el transporte público, control del polvo de las obras (porque aquí no se barre ni con la boca), y un ojo a las emisiones industriales y a la quema de cosechas. Vamos, que la lista de tareas era más larga que un día sin aire acondicionado en verano.

Delhi, para quien no lo sepa, ostenta el dudoso honor de ser una de las ciudades con peor calidad de aire del planeta. Especialmente en invierno, cuando una combinación fatídica de inversiones térmicas, fuegos artificiales de Diwali, quema de cosechas en estados vecinos y el sempiterno tráfico vehicular convierte la atmósfera en una sopa tóxica. Los médicos ya han advertido que respirar aquí es un pasaporte directo a enfermedades pulmonares, cáncer y ataques al corazón. ¡Qué ganas de vivir, oye!

Ante la gravedad del asunto, la reacción oficial fue… peculiar. El ministro de Medio Ambiente de turno, ni corto ni perezoso, aconsejó a la gente que «no entrara en pánico». Sí, porque ver a tus vecinos con máscara de gas es lo más tranquilizador del mundo. Por aquel entonces, el gobierno estatal de Delhi sopesaba un esquema de matrículas pares e impares para reducir la circulación, una medida que, esperemos, no requiriera de un traje de buzo para llevarla a cabo. En fin, que la lucha por el aire limpio en Delhi es tan real como el humo que la cubre, y estos manifestantes, con sus mascarillas y su humor negro, son el mejor (y más trágico) ejemplo de ello.