Diecinueve parejas se midieron a pico y pala en un cementerio húngaro y solo tres lograron cavar la fosa dentro del límite de dos horas…
Imagina un cronómetro en marcha, diecinueve parejas armadas con pico y pala y una fosa que hay que dejar con medidas de examen. No es el arranque de una película rara: es el campeonato de sepultureros de Hungría, celebrado el sábado 5 de septiembre de 2026 en el cementerio público de Nyergesújfalu. Lo ganaron Róbert Nagy y László Kiss, que cavaron la fosa reglamentaria en 1 hora, 21 minutos y 44 segundos.
¿En qué consiste el campeonato de sepultureros?
Cada equipo de dos personas debe excavar a mano una fosa de 2 metros de largo, 80 centímetros de ancho y 1,6 metros de profundidad, con un máximo de dos horas para esa primera prueba. Después, tras un breve descanso, toca volver a rellenarla y formar el montículo.
Y no gana solo quien va más rápido: la puntuación final suma las dos tareas, así que cuenta también cómo queda el relleno. Es el mismo principio que rige otros campeonatos tradicionales, donde la técnica pesa tanto como la fuerza bruta.
¿Por qué solo tres equipos llegaron a tiempo?
Por el suelo. El verano había dejado la tierra tan seca y dura que en muchos casos la pala no bastaba y hubo que tirar de pico. A eso se le sumó el viento y, según la prensa húngara, hasta granizo. El resultado: de los diecinueve equipos, solo tres terminaron de cavar dentro del límite de dos horas.
Aquí lo principal es la velocidad, no la belleza
La frase es de Róbert Nagy, en declaraciones a la agencia Associated Press. Él mismo matizó a continuación que, cuando se cava una tumba para un funeral de verdad, hay que ser muy cuidadoso con las dimensiones exactas y procurar que quede bien labrada. En el campeonato manda el cronómetro; en el oficio, no.
¿Quién organiza un concurso así y para qué?
La Asociación Húngara de Mantenedores y Operadores de Cementerios (MTFE), que este año celebraba su novena edición. Se convoca como campeonato nacional, aunque admite equipos de fuera: en 2026 compitieron dieciocho parejas húngaras y una rusa, que acabó sexta.
El objetivo declarado es doble: demostrar que detrás de una fosa bien hecha hay un oficio con técnica propia y quitarle solemnidad al tabú de la muerte. Nagy y Kiss, que competían por la empresa Paraklétosz Nonprofit Kft., de Hajdúböszörmény, revalidaban además el título del año anterior. Se repartieron 200.000 forintos, unos 640 dólares.
Visto así, tiene toda la lógica. Nadie se pregunta quién cava la tumba hasta que le toca de cerca, y el gremio ha encontrado la manera de que se hable de su trabajo sin que nadie baje la voz. En el país de las rarezas con presupuesto, tampoco desentona. Y para quien asocie los cementerios solo a escenarios de terror, conviene recordar que también son lugares que la gente cuida y reivindica.
Si el año que viene repiten, el listón ya está puesto: una hora y veintiún minutos con la tierra en contra. El resto de los mortales tardamos eso en montar una estantería.
Vía Associated Press, Index, Helló Magyar y Dorogi Medence. Imagen de portada: ilustración generada con inteligencia artificial.




