Vuelve de Miami con una cabeza de cocodrilo en la maleta

La aduana de Turín abrió el equipaje de un pasajero llegado de Miami y dentro había un paquete de papel de embalaje con una sorpresa desecada…

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La aduana de Turín abrió el equipaje de un pasajero llegado de Miami y dentro había un paquete de papel de embalaje con una sorpresa desecada…

Hay recuerdos de viaje que no sobreviven al control de equipajes. Un pasajero italiano aterrizó en el aeropuerto de Turín-Caselle procedente de Miami, con escala en Estambul, y los agentes que le abrieron la maleta se encontraron con una cabeza de cocodrilo desecada, envuelta en papel de embalaje corriente.

La pieza pertenece a una especie protegida por el convenio CITES y viajaba sin ningún permiso, así que acabó incautada y el pasajero, denunciado. El recuerdo le puede salir por entre 20.000 y 200.000 euros.

¿Qué encontró exactamente la aduana de Turín en la maleta?

El hallazgo lo firman los militares de la Guardia di Finanza del Mando Provincial de Turín y los funcionarios de la Agenzia delle Dogane e dei Monopoli, la agencia de aduanas italiana, que lo hicieron público el 8 de septiembre de 2026 tras un control rutinario en el aeropuerto Sandro Pertini, en Caselle Torinese.

En la nota oficial el decomiso figura como Crocodylia spp, una fórmula que en los listados CITES cubre las especies del orden de los cocodrilos sin concretar de cuál se trata. La cabeza estaba desecada y escondida en el equipaje, envuelta en papel de embalaje del montón: según la nota conjunta de ambos organismos, ese envoltorio buscaba esquivar los controles del país de salida.

Terminal acristalada del aeropuerto de Turín-Caselle vista desde la plataforma, con las pasarelas de embarque y el cielo despejado
El aeropuerto de Turín-Caselle «Sandro Pertini», donde apareció el paquete. Foto: EdoBoo, CC BY-SA 3.0.

¿Por qué no se puede traer una cabeza de cocodrilo de Estados Unidos?

Porque los cocodrilos están amparados por la Convención de Washington, más conocida como CITES, el tratado que regula el comercio internacional de especies amenazadas. Italia aprobó su ley de ratificación en 1975 y el convenio entró en vigor allí en 1979. Desde entonces, importar un ejemplar protegido sin el certificado o la licencia que exige la ley es una infracción penal.

La horquilla que manejan las autoridades italianas es contundente: una sanción económica de 20.000 a 200.000 euros o arresto de seis meses a un año. El viajero fue denunciado en libertad y la cabeza quedó incautada. Tampoco es la única forma cara de meterse con la fauna protegida: en Svalbard, despertar a un oso polar con la bocina también acabó en multa.

Lo caro no fue el souvenir, sino el papel que no iba dentro de la maleta.

¿Qué pasa si te traes un recuerdo así a España?

El punto de partida es el mismo, porque el Reglamento (CE) 338/97 se aplica en toda la Unión Europea; las sanciones, en cambio, las fija cada Estado. En la aduana hay que presentar la mercancía junto con el permiso de importación y el documento CITES original del país de procedencia, tal y como detalla la guía para viajeros de la Agencia Tributaria.

Y ahí aparece el matiz que casi nadie conoce: esa misma guía exime de papeles a ciertos efectos personales de especies del anexo B —nunca del anexo A— y en la lista figuran los especímenes procesados muertos de Crocodylia spp., hasta cuatro por persona. Con dos excepciones que lo cambian todo: la carne y los trofeos de caza.

La fauna exótica sin papeles, por cierto, asoma en España en sitios bastante más raros que una maleta: la Guardia Civil se llevó hace poco una tortuga caimán que vivía en un patio de Almansa.

Moraleja para la próxima escapada a Florida: la camiseta horrenda pasa la aduana siempre. La cabeza de cocodrilo, solo con papeles.

Vía Il Fatto Quotidiano, Open, LaPresse e Il Torinese.