El rey que cazó 38.701 animales y ni un solo lince ibérico

La Casa Real apuntó cada pieza cobrada entre 1745 y 1755: 38.701 animales de 62 especies. Y en todo el registro no asoma un solo lince ibérico…

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La Casa Real apuntó cada pieza cobrada entre 1745 y 1755: 38.701 animales de 62 especies. Y en todo el registro no asoma un solo lince ibérico…

Entre 1745 y 1755, la Casa Real española llevó por escrito la cuenta de cada animal que abatía Fernando VI. Salieron 1.241 jornadas de caza y 38.701 piezas de 62 especies distintas. Casi tres siglos después, ese libro de cuentas se ha convertido en algo que nadie pretendía: un retrato insólitamente detallado de la fauna que había en el centro de España en el siglo XVIII.

Lo cuenta un estudio publicado en febrero de 2026 en la revista European Journal of Wildlife Research y firmado por los biólogos Juan Jiménez y Miguel Clavero, este último de la Estación Biológica de Doñana (CSIC). Y lo llamativo no es lo que hay en la lista. Es lo que falta.

¿Qué anotaba el Asiento de Caza de Fernando VI?

El manuscrito se titula Asiento de Caza y se guarda en la Real Biblioteca del Palacio Real de Madrid. No es un diario ni una crónica heroica: es un registro administrativo, seco y meticuloso, con el recuento de cada salida y el terreno donde se hizo. El tipo de papelote que duerme siglos en un archivo español hasta que alguien lo mira con otros ojos, como la patente de la máquina de vapor que un navarro registró en 1606.

Retrato al óleo de Fernando VI con peluca blanca, coraza, banda azul y manto rojo bordado con castillos y leones
Retrato de Fernando VI, copia de un original de Louis-Michel van Loo. Imagen: Museo del Prado (dominio público).

El desglose por especies da la medida del asunto:

  • 15.021 conejos, casi el 40% de todo lo abatido
  • 1.354 gamos y 492 ciervos
  • 605 jabalíes y 555 zorros
  • 331 lobos

Repartido entre todos los días del periodo, incluidos aquellos en que el rey no se movió de palacio, sale a casi diez animales diarios durante once años. Por cacería efectiva la media sube a 31 piezas. Salió al campo unas 113 jornadas al año: alrededor de uno de cada tres días.

¿Por qué no aparece ni un solo lince ibérico?

Aquí está lo que se les puso interesante a los biólogos. Entre esas 38.701 piezas y esas 62 especies no hay ni un solo lince ibérico. Tampoco un corzo. Y no es que el animal no interesara: el lince era una pieza habitual en cacerías reales de otras zonas y su área de distribución histórica incluía la mayor parte de los Reales Sitios donde cazaba el rey.

La explicación que apuntan los autores es incómoda: el lince ya escaseaba en el centro peninsular en pleno siglo XVIII, mucho antes de que existiera la idea de conservar una especie.

¿Para qué le sirve a un biólogo un cuaderno de caza?

Porque de biodiversidad anterior a unas pocas décadas apenas hay datos primarios, y los que hay están fuera de las ciencias naturales. Un registro contable con fechas, lugares y especies permite reconstruir qué había, dónde y en qué momento del año, algo que ningún muestreo moderno puede recuperar hacia atrás.

Sirve, además, contra lo que en ecología se conoce como síndrome de la línea base cambiante: dar por natural un paisaje que ya estaba empobrecido, solo porque nuestras series de datos empiezan anteayer. Los autores sostienen incluso que los Reales Sitios funcionaron como áreas protegidas antes de que se inventaran, al restringir en ellos la agricultura, la ganadería y la tala.

Y queda lo mejor: las cortes europeas llevan siglos apuntando lo que cazaban. Hay archivos enteros esperando a que alguien los lea por lo que de verdad son. Como la Venus romana que acabó en una bolsa del súper o el sarcófago que pasó dos siglos haciendo de maceta, el hallazgo llevaba tiempo delante de las narices.

Vía Xataka, con datos de eldiario.es y Jara y Sedal. El estudio original, en el European Journal of Wildlife Research.