Treinta mil hombres pasaron once años horadando un monte para vaciar el lago Fucino. El día del estreno, el agua apenas se movió. En el segundo, sobró…
El emisario de Claudio es un túnel de casi seis kilómetros que el emperador romano Claudio mandó excavar bajo el monte Salviano, en los Abruzos (Italia), para desaguar el lago Fucino. Según el historiador Suetonio, 30.000 hombres trabajaron en él sin descanso durante once años. Se inauguró en el año 52 d. C. y el estreno salió fatal dos veces seguidas.
Imagina gastarte una década en la obra pública más ambiciosa de tu reinado y que, el día de cortar la cinta, el agua se niegue a moverse.
¿Por qué quería Claudio vaciar un lago?
El Fucino era un lago enorme sin salida natural y su nivel subía y bajaba a capricho, inundando los campos. La solución romana fue perforar la montaña para mandar el agua al río Liri. El resultado fue una galería con una treintena de pozos verticales, algunos de más de cien metros de profundidad, por los que se sacaba la roca y se bajaba a los obreros.

¿Cómo fue la inauguración del túnel?
Claudio quiso estrenarlo a lo grande: una naumaquia, una batalla naval de verdad sobre el lago, entre una flota «siciliana» y otra «rodia», según Suetonio. El historiador Tácito habla de 19.000 combatientes, todos ellos condenados, y cuenta que el lago se cercó con balsas para que nadie se escapara. Suetonio añade que cada flota tenía doce trirremes y que la señal de salida la dio un tritón de plata que emergió del agua con un mecanismo y tocó una trompa.
De ese día viene, según Suetonio, la frase que todos asociamos a los gladiadores, aunque aquí la gritaron combatientes de una batalla naval:
«Ave, imperator, morituri te salutant» («Salve, emperador, los que van a morir te saludan»).
Claudio contestó «aut non» («o no»). Los combatientes lo interpretaron como un indulto y se negaron a luchar, y el emperador tuvo que obligarlos a combatir entre amenazas y ánimos.
¿Qué falló en el estreno del emisario?
Cuando por fin dieron paso al agua, apenas se movió. Tácito lo dice claro: el túnel no se había excavado hasta el fondo del lago. Tras unos arreglos, hubo segundo estreno, con un banquete junto a la salida del agua. El agua salió de golpe, arrastró parte de las obras y sembró el pánico. Suetonio añade que Claudio estuvo a punto de morir ahogado.
Luego llegaron los reproches: Agripina, la esposa del emperador, acusó a Narciso, el liberto que dirigía la obra, de codicia y de quedarse con dinero; él le echó en cara su afán de mandar.
¿Cuánto tardó en secarse el lago Fucino?
El túnel dio guerra durante siglos y necesitó reparaciones de emperadores posteriores como Trajano y Adriano (sí, el de la villa donde los romanos enterraban rayos). Al caer el Imperio se obstruyó y el lago volvió a crecer. Hubo que esperar al siglo XIX: el banquero Alessandro Torlonia financió un nuevo emisario y el Fucino quedó oficialmente desecado en 1878, más de 1.800 años después del intento de Claudio.
Hoy, donde estaba el lago hay una llanura de cultivos y los túneles romanos se pueden visitar en Avezzano. Mucho mejor que un anfiteatro romano de hormigón: aquí la chapuza es auténtica y tiene 2.000 años.
Vía La Brújula Verde, con Suetonio (Vida de Claudio, 20, 21 y 32), Tácito (Anales, XII, 56-57) y Wikipedia (lago Fucino y Cunicoli di Claudio).
Foto de portada: Marica Massaro, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0 (recortada).




