Putin y el manual de la democracia ‘a la rusa’

Putin y el manual de la democracia 'a la rusa'
Vladímir Putin, en el Club de Debate Valdái, insistió a expertos extranjeros que Rusia es una democracia "única", advirtiendo contra la propaganda que sugiere lo contrario. Atribuye las críticas a ataques políticos para debilitar el país, pese a la percepción internacional sobre la supresión de la disidencia. Una perla de la geopolítica con un toque de humor.
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Imagínate el escenario: un grupo de mentes brillantes, expertos en Rusia venidos de todas partes del mundo, se sientan en el prestigioso Club de Debate Valdái. Y de repente, el anfitrión, ni más ni menos que Vladímir Putin, suelta una perla que te deja con la boca abierta y una ceja levantada: “Rusia es un estado democrático, y punto pelota”.

Sí, amigos, el líder ruso no se anduvo con chiquitas a la hora de defender la reputación política de su nación. Les dijo a estos académicos y periodistas extranjeros que se dejaran de tonterías y vieran a Rusia como lo que es: una democracia en toda regla. Y si por casualidad alguno tenía la idea de sugerir lo contrario, bueno, que sepa que está equivocado y que es víctima de una «propaganda» malintencionada y «ataques políticos» diseñados para «debilitar» a Rusia. ¡Así de claro!

Según Putin, no hay «derecho moral a ser dictatorial», lo cual, viniendo de él, tiene su aquel. Admitió que la democracia rusa podría ser un pelín «única» –un eufemismo que nos encanta– pero, ojo, ¡sigue siendo democracia! Citó como pruebas de ello un sistema multipartidista, un parlamento en plena forma y una sociedad civil activa. Incluso, los famosos chalecos amarillos (o el equivalente ruso) protestando en Moscú, lejos de ser un quebradero de cabeza, son para él una señal de una «vida política vibrante». ¿Quién lo diría?

La realidad, según el artículo de The Telegraph, es que Occidente ha tenido históricamente «preocupaciones» sobre la democracia rusa, citando temas como la represión de la disidencia, la limpieza de las elecciones y el control de los medios. Pero claro, para Putin, todo esto no es más que una campaña para intentar bajarle los humos a la madre Rusia. Él, además, aprovechó para soltar unas cuantas pullitas sobre la intervención externa en Siria y la doctrina de la «excepción americana», dejando claro que no piensa quedarse callado mientras se dibuja un nuevo orden internacional.

Así que ya lo sabes, la próxima vez que alguien te hable de la democracia rusa, recuérdale el mensaje de Putin: puede que sea «única», pero es democracia. Y si no estás de acuerdo, es que la propaganda te ha ganado la partida. ¡A reír o a llorar, que el mundo no para!