Preso australiano lleva a juicio su ‘derecho’ a The Simpsons y la masturbación

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En los anales de los juicios más insólitos, la historia de David John Bradley, un recluso australiano de 47 años, se lleva la palma. Nuestro protagonista, encarcelado en el Centro Correccional de Cessnock, decidió que era hora de llevar al Estado de Nueva Gales del Sur y a cuatro funcionarios de prisiones ante la justicia. ¿El motivo? Una supuesta violación de sus ‘derechos humanos’ que, según él, le impedía disfrutar de un pasatiempo muy particular.

La movida judicial de Bradley surgió después de que los guardias de la prisión le cortaran la electricidad de su celda durante más de 24 horas. ¿Y por qué esta ‘oscuridad’ punitiva? Pues, al parecer, Bradley se había montado una fiesta privada un tanto descontrolada. El hombre estaba en medio de una buena «juerga de drogas», mezclando alcohol casero, marihuana y buprenorfina, un medicamento que se usa para tratar la adicción a los opiáceos. Para rematar la faena, se dedicó a gritar obscenidades y a lanzar amenazas a diestro y siniestro. Un comportamiento, digamos, poco ejemplar.

Como era de esperar, los funcionarios decidieron que un pequeño ‘apagón’ sería una lección adecuada. Pero Bradley no lo vio así. Para él, el corte de luz era una afrenta directa a su bienestar. El recluso argumentó que esta medida le impedía ver DVDs de «Los Simpson», una serie que, según sus propias palabras, usaba para «relajarse y masturbarse». Sí, lo han leído bien. Además, se quejó de que su ventilador, que le proporcionaba «comodidad», también estaba inoperativo, lo que le causó «dolor y sufrimiento» e interfería con su «vida privada y familiar». Uno casi podría imaginarse la escena en la sala del tribunal.

El caso llegó a manos del juez Matthew D. R. Myers, quien, tras escuchar los argumentos, debió de quedarse con una expresión entre la perplejidad y la incredulidad. Finalmente, el juez desestimó la demanda de Bradley. Según su dictamen, la «privación de entretenimiento» y la «pérdida de un ventilador» no constituían una violación de los derechos humanos, al menos no en este contexto. Y, para colmo, Bradley fue condenado a pagar los costes legales del Estado. Parece que su derecho a disfrutar de Homer y compañía, al menos para esos menesteres, tendrá que esperar.

Así que, amigos, la próxima vez que se quejen por un corte de luz, piensen en David John Bradley y su cruzada por la masturbación animada. Quizás la vida en prisión no sea tan aburrida como parece, si se tiene suficiente imaginación… o se está muy aburrido.