Su coche pasó 341 minutos en el parking de un súper de Nueva Zelanda. Ella estaba en el hospital tras una parada cardiaca. Aun así llegó el aviso…
Hay excusas creativas para pasarse del límite de aparcamiento de un supermercado, y luego está esta: se me había parado el corazón. Y no es una forma de hablar.
Una mujer de 54 años sufrió una parada cardiaca el 26 de julio de 2026 en el aparcamiento del supermercado New World de Ōrewa, al norte de Auckland (Nueva Zelanda). Una desconocida que pasaba por allí le hizo compresiones torácicas hasta devolverle el pulso, con el personal del súper asistiéndola, y se marchó antes de que nadie pudiera darle las gracias. La ambulancia se llevó a la mujer al hospital y su coche se quedó en el aparcamiento 341 minutos. Días después le llegó por correo un aviso de 80 dólares neozelandeses (unos 40 euros) por superar el límite de 90 minutos de estacionamiento gratuito.
¿Por qué le multaron si estaba en el hospital?
El aparcamiento es privado y lo gestiona una empresa externa, Smart Compliance Management. Los clientes disponen de 90 minutos gratis. Ella gastó 341.
«Su vehículo estuvo aparcado 341 minutos»
La familia respondió explicando el pequeño detalle de la emergencia médica. Según contó el padre de la mujer, los paramédicos les dijeron que a su hija se le había parado el corazón. La empresa mantuvo el aviso y lo rebajó a 30 dólares en concepto de tarifa administrativa, una respuesta que a la familia le pareció ofensiva.
¿Quién acabó pagando los 30 dólares?
La historia llegó a oídos del propio supermercado y ahí cambió el tono. Desde New World contactaron con la empresa de aparcamiento, y Steve McClean, propietario del New World de Ōrewa, pidió perdón a la clienta y a su familia.
«Fue una situación profundamente angustiosa para la clienta y su familia, y lamento que les causara estrés e inconvenientes añadidos», declaró McClean, partidario de aplicar las normas de aparcamiento con sentido común. El supermercado acabó ingresándole los 30 dólares en su cuenta. Smart Compliance Management también pidió disculpas y reconoció que su primera respuesta no había tenido en cuenta las circunstancias del caso.
¿Es la multa de aparcamiento más absurda que se recuerda?
Competencia no le falta. El disparate administrativo tiene una tradición larga y bien documentada: en Gales, un controlador acabó multando a una gaviota; en Suecia, un radar acusó a un conductor de dar dos vueltas y media al mundo en veinte minutos; y en otro aparcamiento llegó a caer una multa por una plaza inexistente. Lo de Ōrewa aporta un matiz nuevo: aquí la infractora tenía una coartada difícil de superar.
Vía Stuff, AOL, Lowering the Bar y Scottish Legal News.




