El profesor que volo el techo de su clase con hielo seco y aseguro que lo volveria a hacer

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Todos hemos tenido profesores de ciencias que intentaban hacer la clase más amena con algún experimento chulo, pero lo de David Popoff, un docente de la Columbia Británica (Canadá), se ha pasado un par de pueblos. Su afán por acercar la química a los más pequeños terminó con alumnos empapados, un agujero en el techo y un expediente disciplinario.

La peor clase de ciencias de la historia

Hielo seco manipulado

Todo ocurrió a finales de octubre de 2024. Popoff decidió que era una idea brillante llevar hielo seco (dióxido de carbono en estado sólido) a una clase donde, por si fuera poco el peligro, había alumnos de sexto grado mezclados con niños de guardería. Sí, ¡niños de preescolar junto a una sustancia a casi -80ºC!

Según el acuerdo disciplinario del regulador de profesores, las medidas de seguridad del docente brillaron por su ausencia:

  • Contacto directo: Permitió que los alumnos tocaran la sustancia con las manos desnudas, exponiéndolos a quemaduras por congelación.
  • Cero equipamiento: Ni guantes, ni gafas protectoras, ni supervisión adecuada.
  • El toque maestro: Para demostrar no sabemos muy bien qué, el propio profesor se metió un trozo de hielo seco en la boca delante de todos.

Y llegó el momento del impacto

Como era de esperar cuando juntas niños, aburrimiento y materiales inestables, la cosa se descontroló en el segundo día del experimento. Uno de los alumnos metió un trozo de este material hipercongelado dentro de una botella de agua y la cerró herméticamente. ¿El resultado? Una auténtica bomba de presión casera.

«La botella de agua explotó y salió disparada hacia arriba, impactando contra una placa del techo. Dejó un agujero en la placa y esparció fragmentos por toda la habitación», detalla el documento oficial del regulador.

La onda expansiva provocó que varios alumnos y un asistente educativo acabaran empapados, desatando el pánico entre los más pequeños del aula.

La audacia de no arrepentirse de nada

Cualquiera pensaría que tras semejante caos, Popoff pediría perdón y prometería ceñirse a los libros de texto. Pues no. Lejos de achantarse, el tipo declaró al distrito escolar que no cambiaría absolutamente nada si tuviera que volver a impartir la misma lección, y tuvo la desfachatez de echarle toda la culpa al alumno de la botella.

Evidentemente, las autoridades no han sido muy comprensivas con sus innovadores métodos pedagógicos. El distrito escolar ya le había impuesto 10 días de suspensión, a los que ahora el regulador ha sumado otros dos días extra por demostrar una «evidente falta de consideración hacia la madurez de los estudiantes». La próxima vez, que se limite a enseñar a hacer volcanes con vinagre y bicarbonato.