Parece el guion de una comedia absurda, pero ha ocurrido de verdad en las calles de Llandudno, en el norte de Gales. Un controlador de aparcamiento, cuya identidad no ha trascendido, decidió que las leyes de tráfico también se aplican a los seres alados y no dudó en imponer una sanción a una gaviota que descansaba plácidamente en una zona peatonal.
El crimen de estar mal aparcada
El testigo presencial Kev Carberry no podía dar crédito a lo que veían sus ojos. Mientras caminaba por la zona, observó cómo el operario se acercaba al ave con total parsimonia, sacaba el dispositivo de impresión y generaba una notificación de multa oficial. Acto seguido, con una precisión casi quirúrgica, depositó el envoltorio plástico sobre el lomo del animal, tratándolo exactamente igual que si fuera el parabrisas de un coche mal estacionado.
¿Pagarán en pescado la sanción?
La escena, que ha sido captada en vídeo y se ha vuelto viral en redes sociales, muestra a la gaviota totalmente impasible ante la autoridad. Los vecinos de la zona bromean ahora sobre cómo el ayuntamiento espera que el ave abone la tasa correspondiente o si enviarán al equipo de morosos a perseguirla por los acantilados. Aunque se sospecha que fue un momento de humor o una broma pesada del trabajador para aliviar su jornada, la imagen del ave con la multa a cuestas ya forma parte de los anales de lo surrealista.
Este incidente pone de manifiesto que, cuando se trata de recaudar o de cumplir con el estricto protocolo, nadie está a salvo, ni siquiera si tienes plumas y el único carné que posees es el de vuelo. Habrá que ver si la gaviota decide presentar un recurso alegando que el espacio aéreo es de libre circulación y que la acera es, técnicamente, su zona de aterrizaje preferente.




