En la ETH de Zúrich han enseñado a una mano robótica a andar sobre sus dedos, levantarse si se cae y hasta pulsar las flechas de un Sokoban…
Imagina que se te cae una llave detrás del mueble y, en lugar de estirar el brazo, mandas a tu mano a buscarla por su cuenta. Un equipo del Soft Robotics Lab de la ETH de Zúrich (Escuela Politécnica Federal de Zúrich) ha enseñado a una mano robótica comercial a caminar sobre sus propios dedos, sin brazo ni cables, a levantarse cuando se cae y a pulsar las teclas de un ordenador. Sí, exactamente como la Cosa de La familia Addams.
La comparación no es solo de los titulares: el propio artículo científico, firmado por Amirhossein Kazemipour, Hehui Zheng y Robert Katzschmann y publicado en septiembre en el repositorio arXiv, menciona a la Cosa para explicar la idea de usar los dedos como piernas.
¿Cómo aprende a andar una mano robótica?
Los investigadores no fabricaron una mano a medida. Partieron de una mano WUJI de serie, con cinco dedos y 20 articulaciones motorizadas (cuatro por dedo), y le pegaron en el dorso una batería, un sensor de movimiento y un pequeño ordenador. Con todo montado, el conjunto pesa 818 gramos.
El problema es que una mano no es un perro robot: sus dedos tienen longitudes y movimientos distintos. Por eso el equipo la entrenó con aprendizaje por refuerzo en un simulador ajustado con medidas del hardware real, a base de miles de intentos virtuales, antes de pasar lo aprendido a la mano de verdad. Si te suena de algo, es primo lejano de otros inventos que copian a la naturaleza, como el dron con garras de gato.
¿Qué es capaz de hacer la mano de la ETH de Zúrich?
- Caminar por 14 superficies distintas, de interior y de exterior: moqueta, baldosa, rejilla metálica, asfalto, césped, grava o piedra desgastada.
- Levantarse sola: cuando la dejaban tumbada de lado, se incorporó en 21 de 25 intentos.
- Usar un teclado mientras se sostiene sobre sus dedos: acertó 29 de 32 órdenes seguidas.
- Jugar al Sokoban, el clásico de empujar cajas, pulsando las flechas del teclado.
Una mano sin dueño que se pasea por la grava y encima juega al Sokoban: Morticia estaría orgullosa.
¿Para qué sirve una mano que camina?
Más allá del susto, la idea tiene sentido práctico. Según los autores, una mano con movilidad propia podría trabajar en espacios estrechos sin que el brazo que normalmente la lleva tenga que seguirla.
«Dar a las manos robóticas su propia movilidad podría hacer que los robots del futuro sean más versátiles en los espacios y las interfaces creados para las personas», escriben en el artículo. Después de la ropa robótica que se pone sola, ya solo falta que alguien las junte. Y que Robby nos coja confesados.
Vía Futurism, Gizmodo, Designboom, TechEBlog y el artículo en arXiv. Vídeo: Soft Robotics Lab, ETH Zurich.
Foto de portada: Soft Robotics Lab, ETH Zurich (vía Gizmodo).




