Un fósil australiano guarda tres depredadores, uno dentro de otro

Ilustración de un ictiosaurio cazando un pterosaurio mientras un pliosaurio gigante emerge de las profundidades del mar de Eromanga
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Existe una receta estadounidense de campeonato del exceso llamada turducken: un pollo dentro de un pato dentro de un pavo. Pues resulta que la naturaleza patentó su propia versión hace más de 100 millones de años, y acaba de aparecer petrificada en pleno desierto australiano.

Un fósil hallado en el noroeste de Queensland, en lo que fue el mar de Eromanga, conserva una cadena alimentaria de tres eslabones encajados: un pterosaurio (un reptil volador) que fue devorado por un ictiosaurio, que a su vez terminó en las fauces de un pliosaurio gigante. Tres depredadores, una sola escena, fosilizados juntos para siempre.

¿Qué muestra exactamente el fósil?

El protagonista es un ictiosaurio de la especie Platypterygius australis, un reptil con forma de delfín de unos siete metros. Dentro de su estómago fosilizado, un escáner de neutrones del ANSTO —la agencia nuclear australiana— reveló restos de pterosaurio: la primera evidencia definitiva en el mundo de un ictiosaurio comiéndose a un reptil volador.

Pero su final tampoco fue plácido. El esqueleto aparece destrozado, con vértebras partidas y, según el equipo, más de treinta marcas de mordisco. El único animal del mar de Eromanga capaz de causar semejante estropicio era el Kronosaurus queenslandicus, un pliosaurio de más de diez metros que lo devoró o carroñeó poco después.

¿Por qué es un hallazgo tan raro?

Porque pillar a tres especies distintas atrapadas en un mismo instante es rarísimo. El paleontólogo Dean Lomax, investigador honorario de la Universidad de Manchester, no se anduvo con rodeos:

Es uno de los ejemplos más claros jamás documentados de una interacción de tres niveles, una instantánea sin precedentes del comportamiento de los mares del Cretácico.

El estudio, liderado por el paleontólogo Matt White, de la Universidad de Nueva Inglaterra (Australia), se publica en la revista Gondwana Research. Sus autores sospechan que esas treinta y pico marcas podrían ser el mayor número registrado en un fósil marino, aunque lo dicen con prudencia. Al ejemplar ya lo han apodado «Bag of Bones», la bolsa de huesos.

Reconstrucción de un ictiosaurio atrapando un pterosaurio mientras un pliosaurio acecha en el mar de Eromanga
Reconstrucción de la escena por el paleoartista Peter Trusler, coautor del estudio.

No era la única bestia que dominaba aquellos océanos: por la misma época también acechaban otros monstruos marinos de tamaño imposible. Y engrosa la lista de tesoros que el pasado nos sigue devolviendo, como aquel perro-oso hallado cerca de Barcelona. La próxima vez que te quejes de una comida pesada, piensa en el pobre ictiosaurio.

Vía Science Alert.