Fichaje estelar y morriña olímpica: el futbolista italiano que añora casa a los 20 días

Fichaje estelar y morriña olímpica: el futbolista italiano que añora casa a los 20 días
Alessandro Diamanti, un futbolista italiano, ha expresado una profunda morriña apenas 20 días después de su traspaso al Guangzhou Evergrande en China. Tras rechazar la renovación con el Bolonia, el jugador de 30 años echa de menos a su familia y la cultura italiana, planteándose un posible regreso a casa a pesar de su contrato de tres años.
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¡Madre mía, la morriña que se le ha puesto a este hombre! En el vertiginoso mundo del fútbol profesional, los traspasos son una cosa seria. Hablamos de cifras millonarias, contratos estratosféricos y, a menudo, cambios de vida radical. Pero hay veces que ni todo el dinero del mundo ni la promesa de una aventura exótica pueden con el corazón, sobre todo si ese corazón es italiano y está lejos de la pasta y la mamma. Y si no, que se lo pregunten a Alessandro Diamanti.

Este futbolista, un tipo de 30 años con talento y garra en el campo, decidió en su momento dar un salto de gigante en su carrera. Después de rechazar una oferta de renovación con el Bolonia, donde era una estrella y un ídolo local, se lió la manta a la cabeza y firmó un contrato de tres años con el Guangzhou Evergrande, un equipo potente de la liga china. ¡China! Un continente completamente nuevo, una cultura distinta a más no poder, una experiencia exótica que muchos soñarían vivir… ¿Quién no querría sumergirse en eso? Pues, al parecer, él no por mucho tiempo.

La noticia, que nos ha dejado con la boca abierta y una sonrisa algo incrédula en la cara, es que Diamanti, apenas 20 días después de aterrizar en las lejanas tierras chinas, ya estaba con la maleta medio hecha y el corazón encogido. Sí, sí, habéis leído bien: ¡solo 20 días! Menos de un mes, lo que tardas en acostumbrarte al nuevo café de la oficina o a la distribución del supermercado de la esquina en una mudanza normal, este crack del balón ya estaba diciendo a los cuatro vientos que echaba de menos a su mujer, a sus dos hijos y, probablemente, hasta el spritz de la terraza en su pueblo natal.

Según sus propias palabras (o al menos lo que se reportó en aquel entonces), la “morriña” le estaba comiendo por dentro a una velocidad pasmosa. Las diferencias culturales, la lejanía y el cambio brutal de entorno le estaban pasando una factura emocional descomunal. ¡Pero si solo había pasado el umbral de la puerta de su nuevo piso! Esto ya no es solo morriña, esto es morriña olímpica, de la que te hace considerar seriamente un billete de vuelta a casa incluso antes de deshacer la última caja de la mudanza.

Es cierto que se unió al equipo en enero y debutó en febrero, pero la intensidad de ese «20 días de morriña» es lo que realmente capta la atención y le da ese toque tan peculiar a la historia. Se encontraba en plena concentración con la selección italiana cuando saltó la liebre, con el corazón en un puño pensando en la vuelta a casa. ¿Un profesional del fútbol, acostumbrado a viajar, a cambiar de ciudades y a vivir bajo la presión constante de la élite? Pues sí, hasta los más duros y curtidos tienen su punto débil, y el de Alessandro Diamanti parecía ser un apego inconmensurable a la patria.

La verdad es que la anécdota de Diamanti nos recuerda que, al final, somos personas por encima de cualquier profesión o cuenta bancaria. Por muy buen contrato que te pongan delante o por mucha aventura que prometan, el calor del hogar, el cariño de los tuyos y esa indescriptible sensación de “estar en casa” no tienen precio. Y para este futbolista, ese precio se cotizaba altísimo a los escasos 20 días de probar fortuna en el gigante asiático. A ver si la próxima vez se lleva un buen surtido de pasta y una radio con música italiana para que la transición sea menos dramática, o directamente se queda en Italia.