
¡Atención, amantes del queso y de las historias rocambolescas! Si pensabais que los atracos eran solo cosa de bancos o joyerías, preparaos para una historia que os dejará con la boca abierta y, probablemente, con ganas de una tabla de quesos. Resulta que en la tranquila (o no tanto) Nueva Jersey, tres jóvenes se han convertido en los protagonistas de un suceso que bien podría ser el guion de una comedia negra: el robo de la friolera de 18.000 libras de queso, lo que viene a ser unas impresionantes ocho toneladas.
La cosa comenzó, o al menos se destapó, cuando las autoridades de Nueva Jersey anunciaron que tres hombres, Jonathan V. Ziemba (28), Johnathan R. Ziemba (29) y Patrick R. Mullen (26), se habían entregado voluntariamente. ¿Su crimen? Estar supuestamente implicados en el hurto de esta gigantesca cantidad de lácteos, valorados en nada menos que 90.000 dólares. ¡Para que luego digan que el queso no vale su peso en oro (o casi)! Todo el tinglado se montó en un almacén en Vineland, donde el queso se guardaba cual tesoro pirata, pero sin mapa.
Según la información oficial, el plan era bastante ambicioso, implicando el uso de un camión con remolque para trasladar el monumental botín. No sabemos si pretendían montar una quesería clandestina, abastecer una cadena de pizzerías durante una década o simplemente nadar en queso como si fuera una piscina de bolitas. Lo que sí sabemos es que el festín lácteo no les salió gratis, ni les duró mucho. Tras una meticulosa investigación, el queso fue localizado, ni más ni menos, que en un almacén en Brooklyn, Nueva York. Sí, han leído bien, el queso se dio un paseo interestatal antes de volver a manos de la ley.
Los tres mosqueteros del queso ahora se enfrentan a cargos de robo, conspiración y posesión de bienes robados. Cada libra de queso, tasada en unos 4 dólares, suma una cuenta legal bastante abultada. Un robo así, con semejante volumen de producto y tan peculiar, nos hace preguntarnos qué pasaba por la cabeza de estos jóvenes. ¿Era un golpe maestro fallido? ¿O simplemente se les antojó un «pica-pica» muy, muy grande? Sea como fuere, esta historia ya ha pasado a la posteridad como el atraco más «cheesy» y, sin duda, uno de los más curiosos de los últimos tiempos.
