
Imagina la escena: la policía de Hamilton, Canadá, recibe llamadas sobre un autobús de la ciudad que parece estar haciendo de las suyas. ‘¡Va errático!’, decían algunos. Pero cuando los agentes finalmente lo localizaron, la realidad era… sorprendentemente diferente. No, no era un conductor en apuros, sino Joshua A. C. Jones, de 32 años, que se había «prestado» un autobús de la Hamilton Street Railway (HSR) para una excursión improvisada. Y lo más insólito de todo, es que, según la propia policía, el tipo conducía de maravilla.
Durante unos 40 minutos, entre las 14:00 y las 14:40, Jones se paseó con el autobús vacío, como si fuera un conductor más en su ruta diaria. ¿Ir errático? ¡Nada de eso! El hombre respetaba a rajatabla todas las normas de circulación: ponía los intermitentes, se detenía en los semáforos en rojo y en las señales de stop, y mantenía la velocidad dentro de los límites legales. Vamos, que daba gusto verle circular. Los agentes, al ver la situación, no pudieron evitar reconocer que, a pesar del robo, el tal Joshua era un as al volante.
La ‘aventura’ terminó de la forma más tranquila posible. El improvisado conductor aparcó el autobús en el parking de un Tim Hortons, y allí fue donde la policía lo detuvo sin incidentes. Afortunadamente, al estar el vehículo vacío, ningún pasajero corrió peligro durante este peculiar paseo. Eso sí, la pericia al volante no le libró de las consecuencias legales. Jones se enfrentó a cargos de robo de vehículo, conducción peligrosa (aunque la policía dijera lo contrario), posesión de bienes robados (más de 5.000 dólares) e incumplimiento de su libertad condicional. Una joya, vaya. El autobús, por supuesto, fue devuelto a la HSR, poniendo fin a una de las ‘vueltas de la alegría’ más cívicas y bien conducidas que se recuerdan.
