¿Alguna vez te has preguntado cómo un gobierno decide abordar un problema social? ¿Con políticas complejas? ¿Con acuerdos internacionales? ¡Qué va! En Reino Unido, hace una década, tuvieron una idea mucho más… singular: ¡una boyband secreta para desanimar la inmigración!
Imagina el escenario: año 2013. En las entrañas del Home Office británico, alguien debió pensar: «Vale, se acerca enero y con él la libre circulación para rumanos y búlgaros. ¿Cómo los desanimamos para que no vengan en masa?». Y la bombilla se encendió: «¡Música! ¡Jóvenes guapos! ¡Mensajes subliminales en forma de pop pegadizo!». Y así, amigos, nació «One Great Nation».
Esta joya musical de tres miembros fue financiada, ni más ni menos, que con 10.000 libras de dinero público. Su misión: cantar una canción titulada «Britain’s Got Our Backs», cuyo objetivo no era otro que el de disuadir a los futuros inmigrantes. La idea era sutil, claro, no iban a decir «¡No vengáis!». En su lugar, optaron por versos con doble sentido como «Desde fuera, eres bienvenido a empezar, pero si buscas una limosna, tu suerte se está agotando». Un mensaje de bienvenida con un ‘pero’ bien grande, ¿verdad?
La canción, por lo que cuentan, no era precisamente un éxito de Eurovisión. Se la describió como «vergonzosa» y «sin melodía». Y el vídeo que acompañaba a esta obra de arte propagandística, aunque con «jóvenes diversos», no consiguió salvarla del olvido… ¡y de la cancelación!
Porque sí, este «brillante» proyecto, orquestado por la agencia londinense M&C Saatchi, formaba parte de una campaña más amplia que incluía unos polémicos carteles en Rumanía y Bulgaria. Estos carteles, que fueron tildados de «racistas» y «orwellianos» (¡ahí es nada!), también acabaron en la papelera. Todo el plan se vino abajo bajo un aluvión de críticas y burlas.
Lo más divertido de todo es que el Home Office intentó primero negar la existencia de semejante ocurrencia. «Un proyecto para financiar una boyband fue considerado y rechazado», dijeron. Pero la verdad salió a la luz: ¡sí que se invirtió el dinero! Diez mil libras para una canción y un vídeo que nunca vieron la luz oficial, y que terminaron siendo un ejemplo de «desperdicio de dinero de los contribuyentes».
En fin, una historia que nos recuerda que a veces, las soluciones más creativas (o las más extrañas) no son siempre las más eficaces. Eso sí, ¡menuda anécdota para contar en el pub!




