La millonaria rotonda de Hungria que no lleva a ninguna parte

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Si alguna vez has sentido que tu vida no va a ninguna parte, consuélate pensando en la flamante obra pública que adorna un descampado en el oeste de Hungría. Ubicada entre las localidades de Zalaegerszeg y Zalaszentiván, se encuentra una infraestructura que parece sacada de una simulación de SimCity fallida: una rotonda perfecta, reluciente y completamente desconectada del resto del universo.

Rotonda en el campo de Hungría que no conecta con ninguna carretera

El origen del círculo de asfalto solitario

A vista de pájaro, esta rareza asfáltica parece un error en la Matrix o un platillo volante alienígena que decidió camuflarse como infraestructura vial. Sin embargo, su origen es mucho más terrenal y burocrático.

Todo comenzó en el glorioso año 2021, cuando el ministro de Asuntos Exteriores húngaro, Szijjártó Péter, anunció a bombo y platillo la creación de un nuevo centro logístico. La idea sobre el papel era brillante:

  • Construir una terminal de contenedores para el gigante privado Metrans.
  • Conectar las mercancías que llegaban por tren desde el mar Adriático.
  • Agilizar el transporte hacia Eslovaquia, la República Checa y Polonia, evitando el tedioso rodeo por Budapest.

Un millón de euros para girar en redondo

El ayuntamiento local no perdió el tiempo y solicitó fondos a la Unión Europea. Y así, con una inyección nada despreciable de aproximadamente 1,25 millones de euros en fondos no reembolsables, la rotonda se completó en 2023.

La rotonda se construyó con precisión milimétrica, pero hubo un pequeño detalle: nadie construyó lo demás.

Tres años después de las promesas iniciales, el terreno a su alrededor sigue siendo campo a través. Las obras de la supuesta terminal de contenedores ni siquiera han empezado, dejando a nuestra rotonda protagonista en una espera eterna para conectar con algo que no sea maleza.

¿Habrá luz al final del asfalto?

Para que esta inversión adquiera sentido, debe conectarse a una nueva vía ferroviaria. El problema es que dicho proyecto sigue estancado en la fase de contratación, sin una fecha realista para poner el primer ladrillo.

Quien gane el contrato tendrá más de dos años para ejecutar la obra, lo que significa que, siendo optimistas, el complejo podría estar operativo hacia 2029. Hasta entonces, este carrusel de asfalto seguirá siendo un monumento al optimismo gubernamental y, muy probablemente, la próxima parada obligatoria para los amantes del turismo absurdo europeo.