
Imaginen la escena: te comes tu Happy Meal, abres el paquetito del juguete y, de repente, la adorable criatura amarilla que se supone que debe decir ‘Bello’ te suelta una blasfemia digna de taberna. Esto es, ni más ni menos, lo que un grupo de padres estadounidenses aseguró que estaba ocurriendo con el último Minion promocional de McDonald’s.
El protagonista de este escándalo lingüístico no es otro que el personaje de la película ‘Mi Villano Favorito 2’. El juguete, diseñado para emitir sonidos cuando se le golpea, fue acusado de tener un vocabulario más extenso de lo que Universal Pictures y McDonald’s querrían admitir. Al parecer, si se escucha con atención y la mente ya pervertida por la edad adulta, el chirrido del Minion se asemejaba sospechosamente a un contundente ‘What the F***’ (que suena bastante mal para ser un balbuceo).
Los padres, ni cortos ni perezosos, alzaron la voz y montaron un buen pollo mediático. ¿Cómo era posible que McDonald’s estuviera distribuyendo pequeños profesores de tacos a través de sus menús infantiles? La imagen de esos seres amarillos, normalmente dedicados a la construcción de armas y a servir a un villano, se vio aún más comprometida al asociarlos con el lenguaje soez.
El gigante de la comida rápida y Universal Pictures entraron rápidamente al quite para intentar apagar este fuego de malas palabras. Según el comunicado oficial, no había rastro de obscenidades en el código de voz del juguete. Insistieron en que las criaturas solo hablan en ‘Minionese’, ese idioma ficticio que mezcla jerga y balbuceos y que solo ellos entienden a la perfección. La frase supuestamente ofensiva era, en realidad, una de las siguientes opciones inofensivas: ‘Bello’, ‘Para pa’ o quizás un simple ‘Ha-ha-ha’ dicho con mucha mala leche.
Expertos en acústica y hasta filólogos del lenguaje Minion fueron indirectamente requeridos para esta épica batalla por la decencia infantil. Aunque la compañía insistió en que todo era fruto de una casualidad acústica o una pareidolia auditiva, la polémica sirvió para que muchos adultos grabaran a sus Minions, intentando verificar si realmente tenían un maestro de la incorrección política escondido en sus manos amarillas. Lo que para unos era una vergüenza moral, para otros se convirtió en la anécdota más hilarante de la caja de juguetes. La próxima vez que un Minion te diga algo, escucha bien, puede que no sea ‘banana’, sino algo mucho más jugoso.
