
A ver, seamos sinceros, ¿quién no ha soñado con tener un talento tan inútil como increíble? Pues John McHale, un crack de Galway, Irlanda, se ha pasado el juego de los récords absurdos. Este señor acaba de inscribir su nombre en el panteón de los Récords Guinness, pero no por algo normalito, no. Su hazaña es digna de una película de cachondeo: conseguir el mayor número de tiros libres de baloncesto consecutivos… ¡con los ojos completamente vendados!
El número mágico que le ha dado la gloria y el certificado oficial es el 16. Sí, dieciséis canastas seguidas sin ver absolutamente nada. El récord anterior, que parecía ya una locura difícil de batir, estaba en manos de un caballero de la India, que se había quedado en 15. McHale, con la presión de la marca y la ceguera autoimpuesta, metió esa canasta extra que lo separa de ser un tipo talentoso a ser una leyenda de la precisión ridícula. La noticia, publicada en UPI, confirma que esta hazaña se convierte automáticamente en el nuevo estándar mundial.
Lo mejor de todo es la motivación, que le da un toque épico. Esto no es solo por fardar o por tener una excusa para enseñar el diploma. El bueno de McHale se lanzó a esta locura para recaudar dinero para Irish Guide Dogs for the Blind (Perros Guía Irlandeses para Ciegos). O sea, que entrena para no ver para ayudar a quienes no ven. La ironía, amigos, pinta genial.
Y que nadie piense que fue casualidad o potra. McHale no se levantó un día diciendo ‘voy a encestar a ciegas, a ver qué pasa’. El hombre ha estado dos años practicando de forma intensiva, dedicando su tiempo a perfeccionar la memoria muscular y el ‘feeling’ con el aro. Dos años pegado a una canasta, escuchando la red y esperando el momento de la verdad para su intento oficial. Un esfuerzo brutal por una causa que merece la pena. ¡Chapeau por John y por su puntería a ciegas!
