El crossover que nadie pidió: Narcotráfico y fajas reductoras
Las aduanas del Reino Unido están acostumbradas a ver de todo, pero seguramente los agentes de fronteras tuvieron que frotarse los ojos al revisar uno de sus últimos hallazgos. No todos los días te encuentras un alijo de drogas camuflado entre la ropa interior más famosa de internet.
Y es que los contrabandistas han decidido que, si vas a traficar con sustancias ilegales, al menos debes hacerlo con estilo. Las autoridades interceptaron un camión que intentaba cruzar la frontera británica con un cargamento que mezclaba el crimen organizado con la alta costura de influencers: una ingente cantidad de cocaína escondida ni más ni menos que entre cajas de Skims, la archiconocida marca de ropa moldeadora de Kim Kardashian.
Keeping Up with the Contrabandistas
Parece que los cárteles están intentando diversificar su modelo de negocio o simplemente son muy fans del clan Kardashian. El vehículo pesado fue detenido durante un control, donde los perros rastreadores (que seguramente no entienden de moda, pero sí de estupefacientes) dieron la voz de alarma.
Al abrir las cajas, en lugar de encontrar únicamente los cotizados tops, fajas y leggings que arrasan en redes sociales, los agentes se toparon con un cargamento blanco que poco tenía que ver con las nuevas colecciones de algodón.
«Es sin duda uno de los escondites más peculiares y extravagantes que hemos visto en los últimos tiempos al inspeccionar cargamentos comerciales».
Un golpe al narcotráfico… y a la moda
Por supuesto, ni Kim Kardashian ni su marca Skims tienen ningún tipo de relación con este turbio asunto. Los narcotraficantes simplemente aprovecharon el transporte comercial de una empresa legítima y de alto volumen de envíos para intentar colar su mercancía ilícita, una táctica bastante común en el submundo del contrabando, aunque rara vez con un toque tan glamuroso.
El conductor del camión se encuentra ahora dando explicaciones a la justicia británica, mientras que la mercancía ilegal ha sido incautada. Lo que pasará con las fajas, de momento, es un misterio. Lo único seguro es que el crimen, esta vez, ha sido pillado con los pantalones (y las fajas) bajados.




