El contrabando con más glamour del año
Parece el guion de un nuevo y extravagante reality show, pero es pura realidad. Las autoridades británicas se han topado con uno de los alijos más surrealistas de los últimos tiempos, donde el oscuro mundo del narcotráfico se ha cruzado accidentalmente con el universo del famoseo de Hollywood y la ropa interior moldeadora.
Una ruta desde Países Bajos con parada en prisión
El protagonista de esta historia es Jakub Jan Konkel, un camionero de 40 años que pensó que sería una buena idea ganarse un jugoso sobresueldo. Su misión original parecía sencilla y totalmente legal: transportar un inmenso cargamento de 28 palés repletos de artículos de Skims, la exitosa y cotizada marca de lencería y fajas fundada por la mismísima Kim Kardashian. El trayecto comenzaba en los Países Bajos y debía llegar a Reino Unido.
Lo que las autoridades fronterizas del puerto de Essex no esperaban al detener el vehículo el pasado mes de septiembre era encontrar una sorpresa millonaria oculta en las puertas traseras del camión.
90 kilos de polvo blanco entre fajas de diseño
Según ha detallado la Agencia Nacional contra el Crimen (NCA), Konkel hizo una paradita técnica en su ruta para recoger nada menos que 90 kilogramos de cocaína. La droga estaba meticulosamente envuelta en paquetes de un kilo y escondida en un compartimento especialmente adaptado para pasar desapercibido entre las cajas de la codiciada ropa interior de la socialité.
El valor de la mercancía ilícita incautada asciende a la friolera de 7 millones de libras (unos 9,4 millones de dólares o casi 8,5 millones de euros al cambio). Una auténtica fortuna camuflada entre prendas moldeadoras de lujo.

Un negocio ruinoso para el camionero
¿Y cuánto cobró nuestro audaz transportista por jugarse la libertad y colar casi diez millones de dólares en estupefacientes por la frontera? Pues la irrisoria cifra de 4.500 euros. Un trato verdaderamente pésimo si tenemos en cuenta el desenlace de su aventura comercial.
«El acusado ha sido sentenciado a 13 años y medio de prisión por contrabando de drogas en el Tribunal de la Corona de Chelmsford», han confirmado las autoridades británicas.
Por supuesto, la agencia gubernamental se ha apresurado a aclarar que el cargamento textil era completamente legítimo. Ni el exportador ni el importador de la ropa de Kim Kardashian tenían la más mínima idea de que sus carísimas prendas estaban compartiendo viaje con semejante cantidad de droga. Sin duda, una anécdota que a la familia Kardashian le costará olvidar… o que quizás utilicen de inspiración para su próxima campaña publicitaria.




