El golpe más lento pero valorado: 100.000 euros en caracoles robados

El golpe más lento pero valorado: 100.000 euros en caracoles robados
En un insólito suceso, la granja canadiense L'Éscargot acadien ha sufrido el robo de más de 100.000 euros en caracoles. Los ladrones se llevaron casi toda la cosecha anual de gasterópodos, dejando al propietario devastado. La policía investiga este peculiar crimen que ha dejado a todos con la boca abierta y un toque de humor negro.
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¿Quién dijo que el crimen no compensa… lentamente? En Cocagne, New Brunswick (Canadá), la granja L’Éscargot acadien ha sido víctima de un robo de película, pero con un giro digno de guion de comedia: ¡han volado más de 100.000 euros en caracoles! Sí, has leído bien. No hablamos de lingotes de oro ni joyas de la corona, sino de gasterópodos de la variedad Helix Aspersa Müller, importados directamente desde Francia, que tardan un par de añitos en alcanzar el tamaño ideal para ser la delicia de cualquier paladar exigente.

Paul Brun, el propietario de esta particular granja, que combinaba su amor por los caracoles con su trabajo principal, está que se sube por las paredes (o por los cristales de su invernadero, como sus caracoles). ‘Estoy devastado’, ha declarado. Y no es para menos, le han mangado prácticamente toda la cosecha del año, que con tanto mimo había estado criando para abastecer a restaurantes de Moncton y Halifax. Imagina el disgusto y el batacazo económico que supone perder el fruto de años de trabajo en un abrir y cerrar de ojos, o mejor dicho, en un deslizarse y arrastrarse de caracol.

El ‘modus operandi’ del ladrón o ladrones es un misterio digno de Sherlock Holmes con gabardina y lupa, pero con paciencia infinita. Se cree que el asalto ocurrió en algún momento entre el domingo 15 y el jueves 19 de octubre. ¿Se movieron a paso de caracol para no ser detectados? La Policía Montada de Canadá (la RCMP para los amigos) está investigando este peculiar caso que, sinceramente, es más lento que una conexión a Internet de los 90, pero el valor del botín, ¡ah, el valor!, eso sí que es rápido de calcular.

Brun sospecha que los cacos sabían perfectamente lo que buscaban. No es un robo al azar de cualquier bicho que se arrastre. ¿Serán para revenderlos en el mercado negro del escargot, o quizás para montar su propia granja clandestina de caracoles gourmet? La imagen mental de unos ladrones huyendo con sacos llenos de moluscos babosos mientras la policía los persigue lentamente es carne de meme. Además del robo de los caracoles, los asaltantes también dejaron destrozado uno de sus invernaderos, añadiendo más sal a la herida.

Este incidente nos recuerda que hasta el negocio más tranquilo y, aparentemente, de lento movimiento puede tener sus sobresaltos inesperados. Y que la imaginación de los ladrones no tiene límites, ni de velocidad, ni de especie animal. ¡Pobre Paul! Esperemos que la justicia, aunque a paso de caracol, acabe llegando.