
En el mundo de los viajeros frecuentes hay de todo, pero pocos se parecen a Wilf. No necesita billete, nunca se queja de los retrasos y su asiento favorito es el salpicadero de la cabina del conductor. Ah, y es un gato. Concretamente, un gato de color jengibre y blanco que se ha convertido en el polizón más famoso de la línea de tren de la costa de Cambrian, en Gales.
Su historia es tan curiosa como adorable. El dueño de Wilf, Ieuan, es maquinista en esa misma ruta. Desde que era un cachorro, Wilf desarrolló una extraña fascinación por los trenes y empezó a colarse en el de su humano. Lo que comenzó como una anécdota se ha convertido en rutina. Casi a diario, Wilf se las ingenia para subir a bordo y acompañar a Ieuan en su trayecto de 55 kilómetros entre Tywyn y Pwllheli, un viaje de aproximadamente hora y media.
Lejos de ser un pasajero clandestino, Wilf es toda una institución. El personal de Transport for Wales (TfW) lo conoce de sobra y hasta tiene su propio uniforme: un diminuto chaleco reflectante de alta visibilidad, por si las moscas. Se pasa el viaje observando el paisaje desde la cabina, echándose una siesta o supervisando que todo vaya sobre raíles. Según su dueño, es un «personaje total» al que ha intentado dejar en casa sin éxito; siempre encuentra la manera de volver al tren.
Su fama ha trascendido a la tripulación. Los pasajeros habituales ya lo reconocen y su presencia se ha vuelto un aliciente más del viaje. Eso sí, a veces su espíritu aventurero le juega malas pasadas. En alguna ocasión se ha bajado en la parada equivocada, obligando a su dueño a organizar una operación de rescate con algún colega para traerlo de vuelta a casa. Para evitar sustos mayores, Wilf lleva microchip y un rastreador GPS.
Como buen gato, también tiene su lado salvaje. No es raro que aparezca por la cabina con algún ‘regalo’ para su dueño, como un ratón recién cazado, para sorpresa del resto del personal. Aunque la normativa de TfW permite mascotas a bordo siempre que vayan en transportín o con correa, con Wilf se hace una excepción. Se ha ganado a pulso su pase vitalicio como el revisor felino más carismático de todo el Reino Unido.
