
En el mundo de la restauración, siempre se buscan formas innovadoras de atraer comensales. Algunos apuestan por la alta cocina, otros por el ambiente. Pero en Tailandia, el propietario de un establecimiento de temática jurásica, autodenominado «raptor» (en honor a sus empleados que visten disfraces de dinosaurio), ha encontrado una táctica de ahorro de costes que roza lo insólito y lo legendario.
Este valiente empresario ha confesado sin tapujos que no tiene ningún reparo en actuar como su alter ego prehistórico cuando toca lidiar con el desperdicio alimentario. Y es que, en lugar de tirar la comida que los clientes dejan olvidada o rechazada en sus platos, ¡se la zampa él!
Sí, han leído bien. Mientras sus empleados se disfrazan de Velociraptores para servir las mesas, él se convierte en el depredador definitivo del restaurante, devorando los restos. Su justificación es doble: primero, la necesidad económica en el sector hostelero es brutal, y segundo, es su forma personal de asegurarse de que no se desperdicia absolutamente nada de lo que sale de su cocina. Es una filosofía de residuo cero llevada al extremo, donde el último paso de la cadena de producción alimentaria es, literalmente, el estómago del dueño.
Imaginemos la escena: un cliente termina su plato de costillas o su ración de patatas, deja un par de bocados porque ya está lleno, y el ‘raptor’ de la casa lo ve como una oportunidad, no como un desecho. Es una maniobra que quizás espante a algún comensal escrupuloso, pero que, sin duda, le ha dado una publicidad impagable, aunque sea por lo extravagante del método.
La próxima vez que pidan un menú del día y les sobre algo, piensen en este emprendedor tailandés. Quizás la idea no sea exportable a los restaurantes más chic, pero demuestra que hay muchas formas de combatir la crisis y el desperdicio alimentario. ¡Un verdadero campeón del reciclaje gastronómico con estómago de acero!
