
Ojo al dato, que la vida está llena de ironías, pero pocas tan surrealistas como la que le tocó vivir a Craig Calkins, un ciclista de 56 años en Tucson, Arizona. Imagina la escena: vas tranquilamente con tu bici, disfrutando del paisaje, y de repente, ¡zas! Una ambulancia te atropella. Sí, has oído bien, la mismísima ambulancia, ese vehículo que, en teoría, viene a salvarte el pellejo, fue la causante de tu percance.
Esto le ocurrió a Calkins en un fatídico abril. Una ambulancia de American Medical Response (AMR), que iba a toda prisa a atender una emergencia, decidió tener un encuentro demasiado cercano con él. El pobre Craig acabó con unos cuantos rasguños y cortes, pero el susto, y la situación, fueron de órdago. Los sanitarios de la ambulancia, que sí que tenían prisa, le echaron un vistazo rápido, pidieron otra ambulancia para que se lo llevase al hospital (porque ellos tenían que seguir su camino, faltaría más), y se piraron.
Hasta aquí, una historia de esas que te cuentan en el bar y dices «¡no me lo creo!». Pero la cosa se pone aún mejor, o peor, según se mire. Semanas después, Craig recibió en casa una cartita de lo más inesperada. ¿Qué contenía? Pues nada menos que una factura de 1.862,03 dólares. ¿Y quién le enviaba semejante regalito? Exacto: American Medical Response (AMR), la misma empresa cuya ambulancia le había embestido. ¡Por el servicio de traslado al hospital!
Craig, con una mezcla de incredulidad y un humor bastante negro, soltó: «Me pareció irónico y un tanto divertido que me mandaran una factura». Y no le falta razón, la verdad. AMR, por su parte, se defendió diciendo que «seguimos el mismo protocolo de facturación para cualquiera que reciba atención y transporte de AMR». Añadieron que el seguro de Calkins cubriría parte del coste, y que sí, era una «circunstancia inusual», pero que ya lo mirarían. Un ‘ya lo miraremos’ de manual.
Lo curioso del asunto es que la policía de Tucson no se anduvo con chiquitas. El informe policial determinó que el conductor de la ambulancia, John Paul Schamp, tuvo la culpa por no ceder el paso, y fue citado por causar «lesiones graves o la muerte» (aunque Craig solo tuvo heridas leves, el cargo es el que es). Es más, la propia policía de Tucson afirmó que AMR es responsable de los daños causados, incluyendo los costes médicos. Pero claro, una cosa es lo que diga la policía y otra lo que haga la empresa con sus facturas.
Así que, amigos, si alguna vez os topáis con una ambulancia que decide «abrazaros» con su parachoques, recordad que, además de la visita al médico, os puede caer una factura por el viaje. Una lección de vida, sin duda, sobre cómo la burocracia puede superar cualquier lógica, incluso cuando el vehículo en cuestión es de emergencias. ¡Para mear y no echar gota!
