
Agárrate, que esta historia no es apta para gente con miedo a los escualos. Imaginad la escena: un biólogo, en lo más profundo de las aguas sudafricanas, metido en una jaula de seguridad, ¡todo por la ciencia y por un programa de la BBC sobre tiburones! Pues bien, nuestro protagonista, el colega Greg Rasmussen, estaba tan tranquilo recogiendo muestras de ADN de tiburones toro cuando, de repente, la tranquilidad se fue por donde vino.
Un tiburón toro, quizás sintiéndose con ganas de dar un «saludito» especial, decidió que la jaula era más bien una servilleta y le hincó el diente al bueno de Greg. ¿Dónde? Ni más ni menos que en la cabeza. Sí, has leído bien. Un mordisco en la cabeza que, según el propio Rasmussen, le arrancó un trozo de frente, dejando una herida de media luna que requirió unos cuantos puntos de sutura. Vamos, que la cosa fue seria, pero la reacción de nuestro biólogo… ¡esa sí que es de película!
Lejos de guardarle rencor al escualo o salir corriendo del agua para no volver, Greg Rasmussen ha decidido que este incidente fue más bien un «pequeño mordisco de amor». Tal cual, sin despeinarse. Para él, fue un «malentendido» y tiene un «respeto increíble» por el animal. Es más, ha expresado su deseo de ¡volver a encontrarse con el mismo tiburón! Pero ojo, no para la revancha, sino para un saludo más civilizado. «Solo quiero volver a ver al animal que me hizo esto», dice, con una calma que te dejaría patidifuso.
Por si fuera poco el nivel de surrealismo, el biólogo relata que su mayor preocupación en aquel momento no era el trozo de frente que le faltaba, sino la posible decepción de sus hijos si no volvía a casa con el diente del tiburón. ¿Quién necesita un recuerdo bonito cuando puedes tener una muela de escualo como souvenir de una mordida en la cabeza? Según Rasmussen, el mordisco de un tiburón toro se siente como el de un perro grande, solo que con un poquito más de fuerza. Y, a pesar de todo, su pasión por estos fascinantes depredadores marinos sigue intacta. Un verdadero aventurero al que un «besito» de tiburón no le ha quitado las ganas de seguir investigando y, quién sabe, quizás hasta le pida una disculpa al escualo por el susto.
