
Imaginad la escena: el Perm Engineering and Industrial Forum en Rusia, un evento de altos vuelos donde se espera lo último en tecnología. El momento estelar llega con la presentación de ALEX, el primer robot humanoide con inteligencia artificial del país, desarrollado por Promobot. La expectación era máxima; este cacharro prometía ser la crème de la crème de la robótica, un prodigio capaz de interactuar, dar indicaciones y hasta identificar caras. ¡El futuro, al alcance de la mano!
Pero, amigos, el futuro a veces se tropieza… literalmente. Apenas segundos después de que ALEX hiciera su gran aparición, en vez de deslumbrar con sus habilidades cognitivas o su capacidad de movimiento, decidió hacer un ‘crowd-pleaser’ un tanto peculiar: se cayó de bruces, con todo el desparpajo del mundo, estrellándose contra el suelo ante la atónita mirada de los asistentes. La imagen era para enmarcarla: un robot de última generación, símbolo del avance tecnológico ruso, reposando patitas arriba.
Los organizadores, con la cara descompuesta, intentaron restar importancia al asunto, soltando perlas como que era un «incidente insignificante» o «solo una prueba». ¡Claro que sí, campeón! Una prueba de gravedad, por lo visto. Pero la verdad, como siempre, sale a la luz. Oleg Kivokurtsev, director de desarrollo de Promobot, explicó que no fue una rebelión de las máquinas ni un intento de ALEX de protestar por su jornada laboral. Fue, simplemente, un fallo técnico: «sus piernas colapsaron porque la empresa no lo había probado adecuadamente en la plataforma específica donde debía debutar». Vaya, que se fiaron de la teoría y la práctica les dio un buen sopapo.
Y es que este ALEX no es un robot cualquiera. Está diseñado para ser un asistente infalible en espacios públicos, con más de 100.000 módulos de habla, capaz de responder a preguntas de lo más variopinto y ofrecer direcciones. Se supone que es un referente en la búsqueda de Rusia por dominar el campo de la inteligencia artificial y la robótica. Pero su primer gran acto lo convirtió en la estrella de los memes y en el hazmerreír (cariñoso, eso sí) de la comunidad tecnológica.
Así que ya sabéis, la próxima vez que veáis un robot, recordad a ALEX. Porque hasta las máquinas más avanzadas tienen sus días tontos, y a veces, para impresionar, solo necesitan un buen suelo para tomar tierra… de forma inesperada. ¡Un debut para la historia, sin duda!
