
¡Agarraos los machos, amantes del buen vino y del marketing excéntrico! En un giro que ni el mejor sumiller vería venir, la mismísima Vergelegen Estate, una de las bodegas más pijas y laureadas de Sudáfrica, famosa por haber ganado premios a «mejor vino del mundo» (sí, sí, del mundo entero), ha decidido que su nuevo filón no está en los tintos o blancos, sino… ¡en el agua!
Así como lo oís. Este emporio del buen beber ha empezado a embotellar y vender agüita. Pero no cualquier agua, ¡ojo! Estamos hablando de agua de manantial subterráneo, nacida y criada en su propia finca, y que ellos califican con orgullo de «pura y virgen». Un concepto que, si lo piensas, es un poco redundante para el agua, ¿no? Pero bueno, la etiqueta lo vende.
Claro, con semejante pedigrí vinícola, uno esperaría que hasta el agua tuviera un regusto a barrica de roble francés. Pero no, es H?O de toda la vida. Lo que sí tiene un sabor particular es su precio: 5,75 rands (que vienen a ser unos 50 céntimos de euro) por una botella de 750ml. A primera vista, no parece una barbaridad. Pero si lo comparamos con otras marcas locales, como el Aquelle o el Valpre, que te dan 1,5 litros por menos de 5 rands, la «agua Vergelegen» se convierte en un auténtico lujo líquido. ¡El doble de cara por la mitad de cantidad!
Don Tooth, el gerente de la finca, sale al quite y defiende la estrategia con una lógica que haría sonreír al mismísimo Baco: «La embotellamos nosotros mismos, es agua de calidad de nuestro propio manantial y… ¡es mucho más barata que algunos vinos!». Vale, Don, pero el punto de comparación suele ser con otras aguas, no con tu Saint-Émilion más selecto. También apunta que algunos restaurantes de alta cocina la sirven, lo cual, claro, le da un toque de exclusividad a la mar en coche.
Mientras tanto, el pueblo llano y los expertos en escepticismo han soltado la carcajada. ¿Elitista? ¿Una forma de sacar tajada del nombre de la marca? ¡Pues sí, probablemente! Un vecino, Garth Williams, lo resumía a la perfección: «Es ridículo. Yo bebo agua del grifo gratis». Y no le falta razón, sobre todo en un país como Sudáfrica, que por aquel entonces ya estaba lidiando con preocupaciones por la conservación del agua debido a las sequías. Vender agua de lujo en ese contexto, digamos, tiene su guasa.
Así que, la próxima vez que te encuentres en una tienda y veas una botella de agua con un nombre rimbombante de bodega, sabrás que la moda no es nueva. Vergelegen nos enseñó que, si tu vino es top, hasta tu agua puede ser objeto de deseo… y de cachondeo general. ¡Salud! (o más bien, ¡hidratación!)
