
Prepárense, amantes de la gastronomía y los aires puros, porque Delhi ha sacado la artillería pesada en su particular cruzada contra la contaminación. Y esta vez, el blanco inesperado son… ¡los tandoors! Sí, esos hornos de barro tan icónicos que nos regalan delicias como el naan o el pollo tandoori, han sido puestos en la lista negra por el Gobierno de la capital india. La medida, que suena a chiste pero va muy en serio, prohíbe el uso de estos hornos (y también los bhatis o pequeños hornos/furnaces) en restaurantes, dhabas (esos chiringuitos de carretera tan auténticos) y hoteles, siempre y cuando funcionen con carbón o madera.
La situación no es para tomársela a la ligera, claro está. El aire de Delhi está más cargado que la batería de un móvil antiguo, con el índice de calidad del aire (AQI) disparándose por encima de los 400 puntos, lo que se considera un nivel «severo». Es como respirar una mezcla de gases de escape y chimenea de forma continua, vamos. Por eso, el ministro de Medio Ambiente de Delhi, Gopal Rai, anunció esta «operación tandoor fuera» como parte de la Fase IV del Plan de Acción de Respuesta Gradual (GRAP).
¿Y qué implica esto? Pues que, de la noche a la mañana, muchos establecimientos tendrán que decir adiós a su método de cocción tradicional para pasarse a alternativas más ‘eco-friendly’ como el gas natural canalizado (PNG) o la electricidad. La idea es sencilla: reducir drásticamente las emisiones de partículas nocivas que emiten estos hornos de combustible sólido.
Pero claro, la cosa tiene su miga. Para los pequeños restaurantes y dhabas, que dependen de estos hornos tradicionales, el cambio supone un quebradero de cabeza y, probablemente, una inversión considerable. Imaginen tener que renovar toda la cocina de repente. Y no solo se trata de la pasta; el sabor, la esencia de muchos platos indios está intrínsecamente ligada al tandoor. ¿Sabrá igual el naan hecho en horno eléctrico? La pregunta queda en el aire (esperemos que más limpio).
Esta prohibición no llega sola. Se une a un paquete de medidas más amplio y no menos contundente: adiós a los generadores diésel, parón a las obras de construcción no esenciales, y restricciones a la circulación de vehículos diésel y gasolina más antiguos. El objetivo es uno: bajar los niveles de contaminación que, según los expertos, son responsables de miles de muertes prematuras cada año.
Así que, mientras Delhi se reinventa para respirar, no podemos evitar pensar en la curiosa imagen de una ciudad intentando salvar sus pulmones prohibiendo una de sus delicias culinarias más emblemáticas. Un paso desesperado, quizás, pero sin duda una medida que pone de manifiesto la urgencia de la crisis climática, ¡y que hace que hasta los hornos de barro se conviertan en noticia!
