Cosas normales de los 90 y los 2000 que hoy te mandarían directo al ostracismo social

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Echar la vista atrás a los gloriosos (y a menudo cuestionables) años 90 y principios de los 2000 es siempre un viaje hilarante. Recordamos el Tamagotchi, las Spice Girls y el inicio de Internet. ¡Qué tiempos! Sin embargo, si cogiésemos una máquina del tiempo y trajésemos aquí a nuestro yo de hace veinte años, probablemente nos miraríamos con un horror indescriptible. Hay una lista larguísima de actitudes y modas que, siendo totalmente normalizadas entonces, hoy serían merecedoras de una tarjeta roja social inmediata.

Peligros capilares y moda suicida

Empecemos por el pelo. Si eras adolescente en el 98, probablemente llevabas mechas gruesas como carreteras o, peor aún, te habías destrozado el cabello con el infame Sun-In o el agua oxigenada. La misión era conseguir ese rubio pollo que, en realidad, era un naranja oxidado que gritaba ‘daño químico’. ¿Hoy? Los productos capilares son sagrados, y el ‘efecto quemado’ es algo que queremos evitar a toda costa.

Y si hablamos de moda, es imposible pasar por alto el fenómeno del tiro bajo. Y no hablamos de tiro bajo normal, hablamos de pantalones tan bajos que hacían temer por la seguridad de la ropa interior (o su ausencia). Las cinturas de las faldas y vaqueros llegaron a cotas tan extremas que enseñaban la rabadilla sin pudor. Hoy, esa tendencia es el epítome del ‘cringe’ y el tiro alto ha regresado para salvarnos de un frío lumbar constante.

Actitudes sociales que ya no pasan el filtro

Una cosa que hacíamos mucho en los 90 era preguntar. Pero no preguntar cosas normales, sino preguntar cosas muy personales e invasivas, especialmente sobre el físico de los demás. Preguntar a alguien “¿Estás a dieta?” o hacer comentarios sobre su peso era considerado ‘normal’, o como mucho un poco descortés. Ahora, esta práctica es vista correctamente como una invasión grosera y totalmente inaceptable. Hemos evolucionado, por suerte, hacia una mayor conciencia sobre la privacidad corporal.

Otro gran clásico que deberíamos borrar de nuestra memoria colectiva era el uso de la frase ‘no offense’ (o ‘sin ánimo de ofender’) justo antes de soltar un comentario claramente ofensivo o crítico. Era la bala de plata de la cobardía social: pretendías que tus palabras hirientes quedaran anuladas automáticamente por esa coletilla mágica. Spoiler: nunca funcionó, y hoy solo demuestra que eres consciente de que vas a decir una barbaridad.

La tiranía del Messenger y el gatekeeping cultural

Antes de que los smartphones nos convirtieran en adictos a la dopamina instantánea, teníamos las primeras herramientas de comunicación digital. Y con ellas, vino la neurosis. ¿Recuerdas la angustia si enviabas un mensaje de texto (SMS) o un mensaje por AIM o MSN y no recibías respuesta en menos de cinco minutos? La gente se enfadaba, se generaban dramas y se asumía que te estaban ignorando deliberadamente. Hoy, hemos normalizado que la gente puede estar ocupada y no tiene que vivir pegada al teléfono. ¡Qué liberación!

Finalmente, toca hablar de la figura del ‘gatekeeper’ cultural, ese snob de manual que existía en la pre-redes sociales. Era aquel que se sentía superior porque conocía a una banda de música o una película ‘antes’ que el resto. Si algo se hacía popular, automáticamente dejaba de ser guay para ellos. Se pasaban la vida dictando qué era auténtico y qué no. Gracias a Internet, esta actitud se ha desinflado, y la mayoría hemos aprendido que disfrutar de algo, aunque sea mainstream, no te convierte en un mal consumidor cultural. ¡Larga vida al placer culpable!