10 fotos de los años 70 que demuestran que vivían en un mundo completamente distinto

10 fotos de los años 70 que demuestran que vivían en un mundo completamente distinto
Sumérgete en los locos años 70 con esta selección fotográfica. Desde facturas de hospital por noventa dólares y billetes regalados de Disneylandia, hasta polémicas cucharitas de McDonald's y peculiares masajeadores de catálogo. Un viaje en el tiempo que te provocará nostalgia, asombro y envidia por la inflación.
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Viaje a una década donde todo era diferente

Si creías que los años 80 eran intensos, espérate a ver lo que se cocía una década antes. Los años 70 no solo nos dejaron pantalones de campana y música disco, sino que legaron para el recuerdo imágenes y costumbres cotidianas que hoy nos harían echarnos las manos a la cabeza. Desde precios que parecen un insulto a la inflación moderna hasta inventos o menús completamente fuera de lugar, aquí tienes una recopilación de fotos reales que demuestran que los setenta eran, básicamente, otro planeta.

  • 1. Facturas de hospital que dan ganas de llorar de envidia

    Mirar los precios del pasado es un deporte de alto riesgo para cualquier millennial. Una paciente estadounidense guardó y compartió su factura del hospital de marzo de 1971. Por pasar cinco días ingresada tras dar a luz, con los cargos de anestesia, habitación y laboratorio incluidos, el total de la clínica fue de apenas 93,70 dólares. Una absoluta quimera en la actualidad, especialmente en su país.

    Factura de hospital de 1971 con precios muy bajos

  • 2. Cuando Dunkin’ Donuts servía cenas copiosas

    Hoy asociamos esta franquicia a un café rápido con un dónut hipercalórico para matar el gusanillo, pero el menú vintage de los años setenta incluía auténticas excentricidades de cuchillo y tenedor como chuletas de cerdo al horno, pastel de carne con salsa de tomate o cazuela de fideos con ternera. Sin duda, una elección gastronómica curiosa para el templo mundial de las rosquillas.

    Menú vintage de Dunkin' Donuts con chuletas de cerdo

  • 3. Fumar era tan normal que interrumpía tus novelas

    La publicidad del tabaco en aquella época no conocía límites éticos ni de emplazamiento. Era completamente normal estar absorto en la trama de un libro cualquiera y, de repente, toparte a mitad de la lectura con un anuncio a doble página a todo color de los cigarrillos Kent, ensalzando las bondades de su «exclusivo filtro Micronite». Todo muy sutil y educativo.

    Anuncio de cigarrillos Kent en medio de un libro

  • 4. El superlujo de volar sin apretujones

    Antes de que las aerolíneas low cost decidieran exprimir al máximo el espacio y embutirnos como sardinas en lata, los aviones comerciales tenían este majestuoso aspecto. Algunos vuelos incluían una auténtica zona de lounge o salón para socializar, donde incluso la mitad de los pasajeros volaban sentados cómodamente de espaldas al sentido de la marcha. Mucho espacio para las piernas y estilo Mad Men en las alturas.

    Pasajeros relajados en el salón de un avión en los 70

  • 5. Disneylandia costaba menos que un billete de cine

    Echarle un ojo a este folleto promocional de 1975 del parque Disneyland duele directamente en la cartera. Te ofrecían un flamante «Deluxe Ticket Book», un talonario especial de acceso, por la irrisoria cifra de 7 dólares. Teniendo en cuenta que hoy en día con eso no pagas ni las palomitas ni el agua dentro del parque temático, la evolución de los precios asusta.

    Folleto de entradas de Disneyland de 1975

  • 6. El nacimiento del número de emergencias

    ¿Te imaginas no saber a qué número debes llamar si hay un incendio o un atraco? Esta carta oficial enviada a los buzones por la policía de Oakland en 1978 servía para introducir formalmente a los ciudadanos al nuevo y revolucionario sistema telefónico de atención rápida: el mítico «911». Viendo el papel hoy, parece un artefacto de la prehistoria urbana.

    Carta policial presentando el 911

  • 7. La cucharita de McDonald’s que desapareció por motivos oscuros

    La mítica McSpoon era, en esencia, una inocente y pequeñita cuchara de plástico con un mango súper largo que te entregaban con el café. Todo era risas hasta que la empresa la descatalogó apresuradamente. ¿La razón? Resulta que su diminuta capacidad cóncava la convirtió en la herramienta favorita de la gente de la calle para medir y consumir sustancias estupefacientes en plena fiebre nocturna. ¡Una reputación manchada para siempre!

    La extinta cucharita McSpoon de McDonald's

  • 8. Decoración de interiores, versión comida rápida

    Si eras un verdadero apasionado de las hamburguesas y tu colesterol te lo permitía, en los setenta podías comprar de forma oficial un estridente papel pintado de McDonald’s para empapelar las paredes de tu propia casa. Imagina ir medio dormido al baño de madrugada y tener a Ronald McDonald y compañía mirándote fijamente desde los azulejos. Puro terror decorativo.

    Baño con papel pintado de McDonald's

  • 9. El «masajeador facial» que no engañaba a nadie

    La publicidad para amas de casa de la época era una maravilla de los dobles sentidos. Un anuncio de venta por catálogo ofrecía este peculiar invento a pilas bajo el discreto nombre de «masajeador facial». A juzgar por la forma marcadamente fálica y sus cabezales, estamos bastante seguros de que aliviar la tensión de los pómulos no era su función estrella en los hogares, por mucho que el texto destacara su «masaje penetrante».

    Anuncio de masajeador facial a pilas

  • 10. Nostradamus en versión telefonía

    Mucho antes de que Steve Jobs presentara el iPhone, un artículo de una enciclopedia infantil de los años 70 ya nos avisaba de cómo sería nuestro futuro hiperconectado. El texto teorizaba sobre el uso de «teléfonos para llevar» que no solo servirían para realizar llamadas, sino que permitirían hacer pedidos de comida y gestiones a distancia desde cualquier rincón. ¡Acertaron de pleno con la dependencia que tendríamos de los smartphones!

¿Qué te ha parecido este recorrido visual por el pasado? Mirar por el retrovisor de la historia siempre nos arranca una sonrisa y es la prueba perfecta para darnos cuenta de lo rápido que cambian las costumbres de la sociedad… ¡y lo mucho que sube todo de precio!