Las locuras cotidianas de los niños de la Generación X que hoy acabarían con los padres en la cárcel

Las locuras cotidianas de los niños de la Generación X que hoy acabarían con los padres en la cárcel
Si creciste en los 80 o principios de los 90, básicamente sobreviviste por selección natural. Desde toboganes abrasadores hasta fumar en el instituto, repasamos las salvajadas más normales de la Generación X que hoy colapsarían el grupo de WhatsApp del colegio.
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La época dorada de sobrevivir por pura potra

Si naciste entre mediados de los 60 y principios de los 80, perteneces a la incombustible Generación X. Una estirpe forjada a base de rasguños en las rodillas, mercromina a chorros y una libertad que hoy nos parece pura ciencia ficción. Hablamos de esa época en la que te echaban de casa por la mañana y la única regla inquebrantable era «vuelve a cenar cuando se enciendan las farolas».

Recientemente, un hilo ha desatado la nostalgia en internet al preguntar por aquellas cosas que hacíamos de niños y que, de hacerse hoy en día, provocarían que Asuntos Sociales interviniera de oficio con las sirenas puestas. No existían los padres helicóptero que geolocalizan a sus hijos, sino más bien los padres de «no me molestes que estoy viendo el telediario». Y oye, ni tan mal.

Las salvajadas más normales de nuestra infancia

Prepárate para un viaje en el tiempo donde el peligro inminente era el pan nuestro de cada día. Aquí tienes las joyas más repetidas por los internautas sobre cómo era crecer hace no tanto tiempo:

  1. El parque de atracciones como guardería barata:

    «Llegaba el verano, mi madre nos compraba un pase de temporada y nos dejaba en la puerta del parque a las 9 de la mañana con algo de suelto para comer. Nos recogía a las 7 de la tarde. Teníamos 10 y 12 años, correteando solas todo el día por un recinto enorme sin la supervisión de un adulto. Éramos un caramelo para cualquier secuestrador de película».

  2. Los toboganes parrilla (que además te amputaban dedos): Jugar en el parque en los 80 era un deporte de riesgo extremo. Los columpios estaban hechos de hierro macizo sobre un asfalto durísimo que no perdonaba caídas. Mención especial al infame tobogán de metal en pleno mes de julio: «Podías freír bacon en él. Y por si fuera poco, no tenía bordes protectores, así que si te agarrabas mal, te rebanabas la mano. Y nos encantaba».

    Tobogán de metal achicharrante

  3. Ir a conciertos solos y de madrugada… ¡con 10 años!: Un usuario recordaba cómo sus padres les enviaron a él (10 años) y a su hermana (13 años) a un concierto a un estadio gigantesco. ¡En autobús urbano, solos y de noche! Otro cuenta que fue a ver a Bruce Springsteen con 12 años, el concierto acabó a la 1:30 de la madrugada y, al no haber móviles, tuvo que buscar una cabina de teléfono de monedas para llamar a su padre a las 2 de la mañana para que lo recogiera.
  4. Zonas de fumadores en el instituto: Hoy en día no puedes fumar ni a 50 metros de la puerta de un colegio, pero antes, los institutos de secundaria tenían su propia zona designada en el patio para que los chavales (y los profesores) se echaran un piti tranquilamente en el recreo sin esconderse.
  5. Hacer los recados (ilegales) de tus padres: Mandar a un niño de 8 años al bar o al quiosco de la esquina a comprar un paquete de tabaco negro y una cerveza para su padre era algo que no escandalizaba absolutamente a nadie. Es más, el quiosquero te daba las gracias y te regalaba un chicle.
  6. Clases de gimnasia sin red de seguridad: «¿Ves esta gruesa y áspera cuerda de esparto? Trepa 10 metros hasta el techo del pabellón y no te preocupes si te resbalas o fallan las fuerzas, que ahí abajo tienes una colchoneta de dos centímetros de grosor para salvarte la vida». La asignatura de Educación Física era básicamente entrenamiento militar.

    Niños trepando cuerda en clase de gimnasia

  7. Viajar por la autopista a tumba abierta: Las sillitas infantiles con anclaje Isofix eran un mito. Lo normal era meter a tres críos amontonados en la parte de atrás de una furgoneta o, peor aún, sueltos en la caja metálica de una camioneta saltando en cada bache. Pero el premio gordo a la negligencia se lo lleva este testimonio:

    «Mi padre y yo íbamos por la autopista y la barca que llevábamos en el remolque salió volando. En lugar de atarla con una buena cuerda, mi padre me hizo sentarme DENTRO de la barca en pleno arcén para hacer peso durante el resto del viaje hasta casa».

  8. Guerras a muerte con pistolas de balines: Olvídate de los eSports y el Fortnite. La verdadera Battle Royale consistía en perseguirse por el descampado del barrio disparándose con escopetas de balines o tirándose cohetes y petardos al cuerpo. Que la mayoría conserve los dos ojos intactos desafía las leyes de la estadística.
  9. Las bromas telefónicas desde el fijo: Antes de que existiera el identificador de llamadas en las pantallas, el mayor acto de vandalismo y adrenalina que podías cometer un aburrido viernes por la tarde era llamar a un número al azar de la guía telefónica, preguntar si su nevera estaba andando y colgar a carcajada limpia. Pura tensión.

    Niña haciendo bromas por teléfono fijo

Supervivientes de una era irrepetible

Podemos mirar hacia atrás y escandalizarnos con toda la razón del mundo, pero lo cierto es que todas estas pequeñas imprudencias y faltas de supervisión forjaron el duro carácter de la Generación X. Aprendieron a resolver problemas por su cuenta, a negociar conflictos en el parque y a orientarse sin necesidad de un GPS o de sacar un smartphone para avisar a mamá. Aunque, viendo el historial de accidentes potenciales y locuras varias, tal vez la sociedad actual se haya pasado un poco al extremo contrario. Y tú, ¿qué locura inconfesable recuerdas de tu infancia que hoy sería un delito penado?