Conviviendo con el enemigo las historias de companeros de piso mas surrealistas y perturbadoras

Conviviendo con el enemigo las historias de companeros de piso mas surrealistas y perturbadoras
¿Crees que tu compañero de piso es un desastre? Prepárate para leer las anécdotas de convivencia más salvajes y asquerosas que circulan por internet. Desde redadas policiales por sorpresa hasta acumuladores de basura e inundaciones voluntarias. Una lista que te hará agradecer profundamente vivir solo.
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Independizarse y compartir piso suele ser una ruleta rusa. A veces te toca alguien normal, que limpia lo que ensucia y respeta tus horarios. Pero otras veces… bueno, otras veces acabas viviendo con un espécimen que te hace plantearte si realmente la humanidad tiene futuro. Gracias a un reciente hilo en internet donde los usuarios se desahogaron contando sus peores experiencias, hoy os traemos la flor y nata del terror doméstico. Si alguna vez te has enfadado porque tu compi de piso dejó un vaso sin fregar, prepárate para leer estas barbaridades y darle las gracias al cielo.

Las peores historias de compañeros de piso que te harán valorar tu soledad

  • 1. El maestro del reciclaje… por el váter

    Empezamos fuerte con la pereza en su máxima expresión. Durante la época universitaria, un chico tuvo la desgracia de convivir con alguien tan extremadamente vago que, cuando el cubo de basura se llenaba, en lugar de bajarlo a la calle, decidió que el váter era un excelente agujero negro mágico.

    «Empezó a tirar por el inodoro envoltorios de comida, pañuelos usados e incluso cáscaras de fruta. Como era de esperar, terminó atascándose y nuestra habitación de la residencia se inundó. Pedí un cambio de cuarto inmediatamente después de eso.»

    Una lección rápida de por qué la fontanería no es compatible con las cáscaras de plátano.

  • 2. El armario vajilla

    Si odias fregar los platos, quizás te sientas ligeramente identificado con el principio de esta historia, pero prometemos que el final es demencial.

    A cluttered kitchen counter with dirty pots, pans, plates, and utensils scattered, showing a post-cooking mess

    «Tuve un compañero al que no le gustaba lavar los platos, así que, lentamente, empezó a acumular la vajilla sucia dentro de su armario», relata un sufridor. Cuando este individuo decidió mudarse, los demás inquilinos descubrieron el pastel: tuvieron que tirar literalmente un armario entero lleno de platos sin lavar y podridos. Según el usuario, podrían haber abierto una tienda de segunda mano con la cantidad de menaje abandonado que encontraron.

  • 3. La hoguera del desamor

    Las rupturas sentimentales son duras, pero prender fuego a las pertenencias de tu pareja en el jardín de una casa compartida es pasarse el juego de la toxicidad de largo.

    Fire truck at night with lights flashing

    Un chico se peleó con su novia (que también vivía allí) porque ella cogió un turno extra en el trabajo. Su reacción, madura y comedida, fue tirar todas las cosas de ella al patio trasero y prenderles fuego. El pequeño detalle sin importancia es que no separó la pila de objetos de la fachada de la casa, por lo que la casa también empezó a arder. Por suerte, los bomberos llegaron a tiempo. Días después, el padre del pirómano apareció histérico para llevarse el ordenador de su hijo antes de que lo cogiera la policía. Pura normalidad.

  • 4. La esponja vengadora

    Compartir baño militar no es excusa para perder los modales. Un miembro de la Marina estadounidense notó que, misteriosamente, su esponja de ducha aparecía siempre en el suelo, mojada y llena de jabón, justo después de que su compañero se duchara. Tras tirarla y comprar esponjas nuevas varias veces, decidió pasar a la acción pasivo-agresiva.

    A grey bath sponge hangs on a tiled wall in a bathroom

    «Empecé a fregar el interior del inodoro con ella y luego la volvía a colgar en su sitio. Mi esponja nueva la guardaba escondida en mi armario. Bueno, no mucho después, el tipo pilló una conjuntivitis terrible.»

    El karma, a veces, tiene forma de esponja de baño restregada en el retrete.

  • 5. Despertador patrocinado por las fuerzas especiales

    Tener un compañero que pone la música alta molesta. Tener uno que te trae a un escuadrón táctico a casa a las tantas de la madrugada te deja secuelas para toda la vida. Así lo vivió un usuario de Reddit:

    Person in black sweatshirt, hands cuffed behind their back

    «A uno de mis antiguos compañeros le arrestó Seguridad Nacional hace una década, y mi apartamento fue asaltado por sorpresa», cuenta. Él, que no sabía absolutamente nada de los turbios tejemanejes del otro chico, se vio con varias armas apuntándole en cuanto abrió la puerta y fue placado contra el suelo. Estuvo esposado en el sofá más de una hora mientras registraban los dispositivos electrónicos de su compi. Finalmente, le quitaron las esposas, le pidieron disculpas y se fueron. Asegura que prefiere vivir solo desde entonces. Lógico.

  • 6. El huésped sorpresa de Airbnb

    Una chica se fue de intercambio a Europa y, como no conseguía a nadie que le subarrendara la habitación, tomó la brillante decisión de ponerla en Airbnb sin avisar a ninguna de sus otras compañeras de piso. Para rematar la jugada, la anunció destacando que era «un espacio compartido con varias chicas jóvenes».

    Un buen día, un señor de 50 años se plantó en el porche afirmando que había alquilado la habitación para el fin de semana. Tuvieron que dejarle pasar porque la compañera original había desaparecido del mapa y hasta su madre las mandó a paseo por teléfono. «Tuve que echarle yo misma a los dos días. Me daba muy mal rollo que se pasara toda la noche de fiesta y dejara sus fotos de actor sobre la mesa del salón». Un escenario verdaderamente terrorífico.

  • 7. Ruido blanco, factura del agua negra

    Hay gente que necesita escuchar la lluvia, el mar o un ventilador para conciliar el sueño. Es totalmente comprensible. Lo que ya entra en la categoría de maldad ecológica y económica pura es lo que hacía esta compañera de piso.

    Showerhead with water flowing, mounted on a tiled wall

    Se encerraba en el único baño compartido de la casa a las nueve de la noche y se quedaba allí de 8 a 12 horas con el agua de la ducha corriendo a chorros toda la madrugada, simplemente porque le relajaba el «ruido blanco orgánico». Suponemos que la inmensa factura del agua no le parecía tan orgánica.

  • 8. El síndrome de Diógenes cafetero

    El nivel de dejadez de algunos roza lo verdaderamente artístico. En este caso, el compañero de piso tenía la rutina inamovible de beberse cada mañana un botellín de cristal de café frappuccino de una conocida marca. El problema era que jamás se molestaba en tirarlos a la papelera.

    Messy bedroom with clothes on the floor, unmade bed

    Con el paso de los meses, su habitación se transformó en un auténtico y perturbador laberinto de botellas de cristal vacías, que empezaron a expandirse también por otras áreas del piso como si fueran una invasión alienígena silenciosa. Cuando el chico finalmente se mudó de la casa… exacto, lo adivinasteis: dejó allí toda su colección de cristalería para que la limpiaran los demás.

  • 9. La batalla campal de la yema

    Comprar una casa siendo joven y alquilar habitaciones para cubrir gastos suena bien sobre el papel, pero puede terminar en desastre de proporciones épicas. El dueño de la casa organizó una pequeña fiesta con sus tres inquilinos, pero la cosa se desmadró y llegó mucha más gente. Él decidió irse a dormir en pleno apogeo, dejando a los demás pasándoselo bien.

    A cracked egg with shell, yolk, and egg white spread on a light surface

    En la nevera, había guardado celosamente dos docenas de huevos para preparar huevos rellenos al día siguiente. «En algún momento de la noche, decidieron coger todos mis huevos y montar una batalla campal en el jardín». No solo le dejaron sin comida, sino que toda la fachada de su casa recién comprada quedó manchada de huevo reseco y oloroso. Un plan sin fisuras.