Da igual cómo mezcles las de diez, veinticinco y cincuenta centavos: si la báscula marca una libra, ahí hay veinte dólares. Y es casualidad…
Echa en la báscula de la cocina un puñado de monedas estadounidenses de diez, veinticinco y cincuenta centavos, hasta que marque una libra: 453,59 gramos. Sin contar ni una, ya sabes lo que hay encima: veinte dólares. Una libra de monedas estadounidenses de diez, veinticinco y cincuenta centavos vale veinte dólares, mezcladas en la proporción que sea. Y esa cifra tan redonda salió por accidente.
¿Por qué una libra de monedas suma siempre lo mismo?
Porque las tres pesan exactamente igual por dólar. El peso de cada pieza está fijado por ley en el Código de Estados Unidos: la moneda de diez centavos (dime) pesa 2,268 gramos; la de veinticinco (quarter), 5,670; la de cincuenta (half dollar), 11,340. El quarter pesa dos veces y media el dime, y el half dollar, cinco veces justas.
Traducido a lo práctico: cada dólar pesa 22,68 gramos, lo montes como lo montes. Diez monedas de diez centavos, cuatro de veinticinco o dos de cincuenta dan siempre 22,68 gramos. Divide la libra entre esa cifra y salen 19,9997 dólares: veinte, con un error de tres centésimas de céntimo. En kilos luce menos, unos 44 dólares.
Un dólar en monedas de diez, veinticinco o cincuenta centavos pesa 22,68 gramos. Siempre.

¿De dónde sale una proporción tan limpia?
El principio viene de lejos: la Ley de Acuñación de 1792 fijó el dólar de plata en 416 granos y repartió el resto en proporción estricta —208 el medio dólar, 104 el cuarto, 41,6 el disme—. Cada moneda llevaba su valor en plata encima: pesar el montón era otra forma de contarlo.
Los números concretos, en cambio, son de la Ley de Acuñación de 1873, que definió el medio dólar en doce gramos y medio y las otras dos en proporción. Con aquella plata la libra daba 18,14 dólares. Los veinte redondos llegaron en 1965, al retirarse el metal precioso: el dime y el quarter adelgazaron un 9,28% y el peso por dólar cayó a 22,68 gramos. Nadie iba buscando ese número.
¿Qué monedas rompen la cuenta?
Las que nunca entraron en esa escala. La de cinco centavos pesa 5 gramos clavados, más del doble que la de diez, que vale justo el doble que ella. Por eso la apuesta de bar excluye centavos, nickels y monedas de dólar.
Hay una trampa más fina: el medio dólar tardó seis años en encajar. Los acuñados entre 1965 y 1970 conservan un 40% de plata y pesan 11,50 gramos en lugar de 11,340. Si se cuela uno en el montón, la báscula empieza a mentir.

¿Y con los euros funciona igual?
Ni de lejos. La moneda de 50 céntimos pesa 7,80 gramos y la de 1 euro, 7,50: la que vale la mitad pesa más. Dos monedas de un euro suman quince gramos y valen lo mismo que una sola de dos euros, que se queda en 8,50. Aquí cada denominación se diseñó para distinguirse de un vistazo o al tacto, no por proporción de valor.
Así que si cargas con un puñado de monedas y quieres saber cuánto llevas sin contarlo, reza por que sean americanas. Con las monedas de 50 céntimos de aquí no hay báscula que valga.
Vía Now I Know, con los pesos oficiales del 31 U.S. Code § 5112, las leyes de acuñación de 1792 y 1873, las especificaciones del medio dólar Kennedy y las de las monedas de euro.




