El libro de 75 kilos con un diablo pintado a página entera

Mide casi noventa centímetros, pesa 75 kilos y lo copió una sola mano durante más de veinte años. Y en una de sus hojas hay un diablo de cuerpo entero…

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Mide casi noventa centímetros, pesa 75 kilos y lo copió una sola mano durante más de veinte años. Y en una de sus hojas hay un diablo de cuerpo entero…

Este libro no cabe en ninguna estantería de tu casa. El Codex Gigas tiene hojas de 89 centímetros de alto, pesa 75 kilos con sus tapas de madera y está considerado el mayor manuscrito medieval que se conserva en el mundo. Se escribió en el reino de Bohemia —hoy el oeste de Chequia— entre 1204 y 1230, y lo custodia la Biblioteca Nacional de Suecia. Lo llaman la Biblia del Diablo, y el mote no es gratuito.

¿Por qué lo llaman la Biblia del Diablo?

Porque lleva uno dentro. Cerca del final hay un diablo pintado a página entera: en cuclillas, con los brazos en alto, cuatro dedos en cada mano, taparrabos de armiño y dos largas lenguas rojas saliéndole por las comisuras de la boca. Enfrente, ocupando la página vecina, está la Jerusalén Celestial. Las dos están ahí para enseñar de un vistazo lo que gana una buena vida y lo que pierde una mala.

Ilustración medieval de un diablo en cuclillas, con los brazos en alto, cuernos rojos y garras, pintado a página entera sobre pergamino
El retrato que le puso el apodo al códice. Imagen: Wikimedia Commons, dominio público.

El resto es un cajón de sastre: una Biblia completa en latín —de esas que siglos después servirían hasta para cifrar recetas de bizcocho—, textos históricos y, sin despeinarse, fórmulas mágicas y conjuros más raros que los del libro de chistes más antiguo que se conserva.

¿Cuánto tardó una sola persona en escribirlo?

La Biblioteca Nacional de Suecia no duda de que prácticamente todo el manuscrito salió de una sola mano, y ha echado la cuenta. A seis horas diarias, seis días por semana, habría acabado en unos cinco años. Como monje, con tres horas al día, en diez. Sumando el rayado de las 310 hojas de pergamino y lo demás, el cálculo se va a veinte años como mínimo, quizá treinta. O una vida entera.

Setenta y cinco kilos de libro que una sola mano tardó más de veinte años en llenar de letra.

Tampoco está claro de qué animal salió el pergamino: la biblioteca se inclina por la piel de ternera y la cifra que más circula —160 asnos— no está confirmada. Al copista la tradición lo llama Herman el Recluso, pero nadie ha confirmado que fuera él.

La leyenda es más rotunda. Cuenta que un monje del monasterio benedictino de Podlažice iba a ser emparedado vivo como castigo y prometió escribir en una noche un libro con todo el saber humano; al ver que no llegaba, pidió ayuda al diablo a cambio de su alma y le pintó ese retrato en agradecimiento. La biblioteca lo despacha sin rodeos: no tiene ninguna base real.

¿Cómo acabó un libro checo en Estocolmo?

Primero un préstamo, después un saqueo. En 1594, el emperador Rodolfo II se llevó el códice a su castillo de Praga en un préstamo que nadie devolvió. En 1648, en la Guerra de los Treinta Años, el ejército sueco cargó con la colección entera como botín.

El susto llegó el 7 de mayo de 1697, cuando ardió el palacio real de Tre Kronor. Se cuenta que alguien lo salvó tirándolo por una ventana y que cayó sobre una persona que pasaba por debajo, hiriéndola. De todo aquello solo hay algo seguro: la encuadernación quedó destrozada. Y alguien le arrancó hojas en algún momento: con ellas se perdió la Regla de San Benito.

Ocho siglos después, el reparto sigue siendo injusto: el copista se dejó media vida en 310 hojas y la fama se la lleva el que sale pintado en una.

Vía la Biblioteca Nacional de Suecia (ficha, aspecto, escritura, ornamentación, contenido e historia), Wikipedia y Amusing Planet. Foto de portada: facsímil a tamaño real, © Michal Maňas, CC BY 2.5.