Un «cocodrilo terrestre», un animal rayado escondido en la selva y el kraken de los marineros: tres rumores que la ciencia acabó catalogando con nombre…
Durante siglos, marineros, pescadores y cazadores hablaron de bestias que sonaban a cuento: un cocodrilo que vivía en tierra, un animal rayado escondido en la selva y un monstruo marino de brazos interminables. El dragón de Komodo, el okapi y el calamar gigante pasaron de rumor a especie catalogada entre la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX, y los tres sorprendieron a la ciencia.
¿Cómo pasó el dragón de Komodo de rumor a estrella del zoo?
En 1910, al teniente van Steyn van Hensbroek, de la administración colonial neerlandesa en la isla de Flores (hoy Indonesia), le llegaron rumores de un «cocodrilo terrestre». Consiguió una fotografía y una piel, y con ese y otro material Peter Ouwens, director del Museo Zoológico de Bogor, en Java, publicó en 1912 el primer artículo científico sobre el animal.
La fama llegó en 1926, cuando el estadounidense W. Douglas Burden viajó a la isla de Komodo y volvió con dos ejemplares vivos para el zoo del Bronx, en Nueva York. Aquella expedición inspiró en parte King Kong (1933). El «cocodrilo» era en realidad un lagarto que ronda los tres metros en los ejemplares más grandes.
¿Por qué el okapi se clasificó primero como un caballo?
A finales del siglo XIX, el británico sir Harry Johnston, comisionado especial en Uganda, ayudó a un grupo de mbuti del Congo que iban a ser exhibidos como atracción. Ellos le hablaron del o’api, un misterioso animal de la selva. Lo que Johnston consiguió no fue un okapi, sino unas tiras de piel rayada y, después, un cráneo.
Con las primeras pruebas, el zoólogo Philip Sclater lo bautizó en 1901 como Equus johnstoni: una especie de caballo. Ese mismo año, Ray Lankester estudió la piel y los cráneos y corrigió el tiro: era pariente de la jirafa. Nació así el género Okapia.
El okapi no era un caballo: era pariente de la jirafa.
¿Cuándo dejó el calamar gigante de ser el kraken?
El kraken de las leyendas nórdicas probablemente se inspiraba en un animal muy real. En 1861, la tripulación del buque francés Alecton intentó subir a bordo un calamar enorme; el cuerpo se partió y solo se quedaron con la cola.
El giro llegó en Terranova. En otoño de 1873, unos pescadores de Portugal Cove cortaron un tentáculo a un calamar gigante que, según su relato, atacó su bote. La pieza acabó en manos de Moses Harvey, pastor y naturalista aficionado de St. John’s. Poco después, Harvey consiguió un ejemplar casi entero y lo hizo fotografiar colgado sobre su bañera: una de las primeras fotos de la especie, que ayudó a sacarla del folclore.

Pero nadie lo vio vivo en su hábitat hasta el 30 de septiembre de 2004, cuando los japoneses Tsunemi Kubodera y Kyoichi Mori lo fotografiaron cerca de las islas Ogasawara. El primer vídeo en su medio natural llegó en 2012, en una expedición de la televisión japonesa NHK y Discovery Channel.
¿Qué otros animales desconcertaron a la ciencia?
El ornitorrinco tuvo a los naturalistas discutiendo décadas hasta que un telegrama de cuatro palabras zanjó la cuestión. Y el mar sigue sorprendiendo, desde los dialectos de los cachalotes hasta el fósil de un pulpo prehistórico descomunal. Moraleja: ante un bicho imposible, no te rías tan pronto.
Vía Mental Floss, Wikipedia (dragón de Komodo), Slate, Tetrapod Zoology, Wikipedia (okapi), Skulls in the Stars, The Scientist, Product of Newfoundland, Scientific American y Wikipedia (calamar gigante).
Foto de portada: k7hpn / Wikimedia Commons, CC BY 2.0.




